Todos
En la habitación sur, Ronan no duda.
Avanza sobre el capitán Manrique con un movimiento seco y descarga su golpe con toda la furia acumulada.
Ataque: 4, 5. Éxito.
Daño: 4, 6, 4, 3, 5, 1 → 4 puntos de daño. Herido de muerte.
La hoja se hunde profundamente. Manrique suelta un gruñido ahogado y retrocede tambaleante, con la sangre brotando sin control. La herida es prácticamente mortal: sus fuerzas lo abandonan incluso antes de hacer ademán de derrumbarse.
Magia: 6, 2. Éxito. Duración: 2 turnos.
Cerca de allí, María cierra los ojos y concentra su magia. No busca sanar heridas, sino afinar los sentidos. Un pulso sutil recorre el aire y envuelve a Ronan como un susurro invisible. De pronto, el mundo parece volverse más lento a su alrededor: oye antes los pasos, intuye el movimiento del acero, percibe la intención antes del golpe.
A su lado, Esclavo se lanza contra uno de los soldados y trata de clavarle los colmillos.
Ataque: 2, 4. Éxito.
Daño: 3, 4, 1 → 0 puntos de daño.
Pero falla por un suspiro. Los dientes chasquean a un dedo de distancia y ambos quedan frente a frente, inmóviles durante un latido eterno. Un duelo mortal acaba de comenzar.
Mientras tanto, Pizz, sibilino, aprovecha una apertura y descarga un golpe con su espada dentada.
Ataque: 2,6. Éxito.
Daño: 5, 5, 4, 3, 2 → 2 puntos de daño. (Te he quitado un dado porque tu arma pierde un dado contra armadura pesada. Era un dado fallado, pero para que lo tengas en cuenta en el futuro.)
El filo serrado desgarra el muslo del guerrero con un sonido terrible. La sangre salta. El hombre lanza un grito de dolor y hace ademán de caer de rodillas. Aferrándose a la pierna logra resistir.
La línea enemiga empieza, por fin, a resquebrajarse.
Elijah da un paso al frente, directo hacia Eldric.
Valentía de Elijah: 1, 2. Fallo. Uso de 1 punto de Fortuna. 6, 4. Éxito.
Durante un instante, el peso de la marca, de la profecía y de la mirada del sacerdote amenaza con quebrarlo. El guerrero de ébano respira hondo y entonces lo comprende. No le tiene miedo. El mundo se aquieta a su alrededor. Avanza y descarga el golpe.
Ataque: 3, 1. Éxito.
Daño: 5, 6, 1, 3 → 2 puntos de daño
El acero abre carne consagrada. Eldric lanza un grito inhumano, demasiado profundo, demasiado áspero para una garganta mortal. De la herida no brota sangre… sino una sustancia negra y viscosa, espesa, que supura lentamente como si algo ajeno habitara bajo su piel.
Entonces la líder de la Compañía del Unicornio avanza sin dudar. Rachel sigue a su hermano de sangre, la mirada firme, el gesto decidido.
Valentía de Rachel: 5, 5.
Ella que ha combatido demonios, horrores del abismo y criaturas sin nombre, reconoce al instante la verdad: aquel hombre no es un dios, no es un elegido, no es más que un fanático. Y eso no basta para hacerla vacilar.
Ataca.
Ataque: 5, 4. Éxito.
Daño: 2, 3, 5, 3, 6 → 2 puntos de daño
El golpe hace que Eldric pierda pie. Se tambalea… y de pronto se inclina hacia delante, escupiendo un vómito oscuro y espeso que salpica las botas de Rachel y mancha la piedra como aceite corrupto.
Por primera vez, el sacerdote de Kelemvor no parece un juez. Parece… algo que empieza a romperse desde dentro.
