Todos
Bailey inclina la cabeza, apoya el cuerno luminoso hacia King y concentra toda su voluntad.
La luz titubea. Sus manos tiemblan. El miedo la traiciona. La energía se dispersa en destellos inútiles y se apaga sin efecto alguno. King sigue tendido, respirando con dificultad, herido de muerte.
Bailey aprieta los dientes, desesperada.
En la habitación sur, Rachel no le concede un solo segundo más al sacerdote. Se lanza sobre él con rabia contenida, consciente de que Eldric busca una salida.
Ataque: 6, 4. Éxito.
Daño: 6, 1, 3, 1, 6, 1 → 2 puntos de daño.
El hacha se hunde en su pecho con un crujido. Las costillas ceden. Eldric vuelve a vomitar aquel esputo negro, espeso y maloliente, que salpica las botas de Rachel.
Cuando todo termine… tendré que comprar unas nuevas, piensa fugazmente, incluso en medio del infierno.
Aprovechando el impacto, lo empuja contra el muro.
Empujón: 2 → 0 puntos de daño.
Pero el empujón carece de fuerza suficiente. Eldric apenas se desliza por la pared, jadeando.
Unos metros al sur, María se acerca a Elijah. Cierra los ojos y busca en su interior aquello que aún le pertenece… la parte que existía antes de Vecna.
Magia: 6, 4. Éxito. Recupera 4 puntos de vida. Pierde el estado Herido de Muerte.
Una luz cálida brota de sus manos y se filtra en el cuerpo del paladín. La carne se recompone, el dolor retrocede, la vida regresa.
Elijah respira hondo.
Y sonríe.
Cerca de ella, Esclavo ve una apertura. Se lanza sobre el soldado que aún traba a Ronan con una furia animal.
Ataque: 6, 6. Crítico.
Daño: 1, 4, 5, 5, 1 → 2 puntos de daño.
La dentellada es devastadora. Los colmillos se cierran sobre el cuello. Se oye un chasquido seco. La garganta se parte y la sangre comienza a brotar espesa, cayendo al suelo como chocolate fundido.
Aún caliente el combate, Pizz se desliza con agilidad y ataca al mismo enemigo.
Ataque: 4, 5
Daño: 2, 3, 1, 3, 6 → 1 punto de daño.
La espada serrada abre un corte profundo en la pierna. La sangre se suma al charco creciente.
De vuelta al centro del infierno…
Elijah alza la espada. Ha dado su ultimátum. Nadie ha respondido. Y entonces descarga el golpe final sobre el cuello de Eldric.
Ataque: 2, 6. Éxito.
Daño: 5, 5, 3, 1, 4 → 2 puntos de daño. Herido de Muerte.
El filo corta el gaznate. La sangre negra brota a borbotones. Las rodillas le flaquean, ahogándose en su propia corrupción. Harto. Cansado. Sin una palabra más, Elijah lo empuja con todas sus fuerzas contra el muro.
Empujón: 5 → 1 punto de daño.
Eldric choca violentamente. Durante un instante… su rostro cambia. La soberbia desaparece. El fanatismo se resquebraja. Y por primera vez, en sus ojos aparece algo muy humano: miedo.
Busca con la mirada. Ruega en silencio. Reza a Kelemvor por una última oportunidad de servirle.
Fortuna: 3. Fallo. Muerto
Pero el dios de la neutralidad —quizá cansado ya del fanatismo ciego de uno de los suyos— no responde.
La cabeza de Eldric golpea el muro. No lo bastante blando. No lo bastante piadoso. El cráneo se aplasta contra la piedra como una fruta madura. Un grumo negro empieza a brotar de sus ojos, de su nariz, de su boca, de sus oídos… Y mientras su cuerpo se desploma sin vida, la corrupción abandona lentamente la carne. El lugarteniente del barón… ha caído.