AlejandroMagno Estoy de acuerdo en que no se puede vivir de ayudas, pero a la vez también, y no es por romper una lanza a favor de Eduardo Casanova, las subvenciones no pueden estar siempre orientadas a ser rentables. No estoy a favor de crear un ecosistema basado 100% en ayudas y subvenciones, pero sí que creo que hay mucho material que tiene que salir adelante incluso aunque no sea rentable: documentales, películas... Lo mismo pasa con otras áreas como investigación: no se puede poner siempre la rentabilidad como excusa para dar o no dicha subvención. E insisto, lo último que quiero es justificar el trabajo de Casanova, que ni conozco, ni seguramente sea de mi rollo lo más mínimo. Pero si usamos el baremo sólo de la rentabilidad, las únicas películas que saldrían en la cartelera serían Torrente 12 y Padre no hay más que 1-20, y tampoco es eso.
Como no me quería enganchar de nuevo a debatir sobre subvenciones como en el post aquel de Juanma Bajo Ulloa, que ya dijimos mucho allí, suscribo esto y aclaro que de hecho las ayudas ya contemplan ese doble baremo.
Existen por un lado las llamadas Ayudas Generales que están orientadas a proyectos caros y/o con vocación comercial como puedan ser las comedias de Segura (se ha llevado muchísimas de éstas en el pasado), pero también cosas estilo La Sociedad de la Nieve o las de Amenábar...
Por otro lado están las Ayudas Selectivas, que están orientadas a cine de autor, cine independiente, óperas primas, documentales... cosas de nicho baratas en las que no se busca premiar rentabilidad comercial, sino prestigio, presencia en festivales internacionales y valor cultural o artístico. Que todo eso se lo vieran a la de Casanova se me escapa, la verdad jajaja. Pero vamos, que siempre se pone el ejemplo del mismo porque es el caso más paródico y extremo.
Se supone que todo el sistema está ideado para que más o menos con ayuda de las primeras se puedan sostener también las segundas y todos contentos. Cuando alcanzas unos objetivos de rentabilidad (vamos, que tu peli lo ha petado) debes devolver el dinero de la ayuda al Ministerio. También hay un retorno inmediato en algo tan sencillo como que yo te presto un 30 o un 40% del dinero de la peli, pero ya desde el momento en el que la haces el 20% de todo el presupuesto total vuelve a mí en forma de impuestos. Y por supuesto, a mayores, el IVA de las entradas... Vamos, que el Estado no es tonto.