Cara_Falica
Es que el Estado-nación no es un ser natural que exista en la realidad, sino una ficción (como el dinero, la religión u otras tantas cosas) que nos contamos y que solo puede existir si se impone y se reproduce en el imaginario colectivo mediante la escuela, los medios de comunicación y las instituciones del Estado.
El Estado-nación moderno (España, Italia, Alemania, Francia) es un fenómeno reciente que aparece con la introducción de la prensa, de la radio y de la enseñanza obligatoria y la creación y la transmisión de un relato histórico manipulado sobre la nación, en el que se la presenta como natural y eterna y se legitima el orden existente.
Los medios juegan un papel fundamental porque informan a todos los ciudadanos de lo que sucede dentro del territorio del Estado (aunque tú viviendo en Barcelona jamás hayas tenido nada en común con Badajoz y sí con Perpinyà, por ejemplo). De ese modo crean un marco mental ilusorio para los ciudadanos («soy parte de España», «ich bin Teil von Deutschland», «sono parte dell’Italia») y los ciudadanos adoptan ese relato y se creen «españoles», «italianos» o «alemanes» (siempre que hayan sido asimilados y hablen la «lengua nacional», claro).
Solo cuando los ciudadanos se alfabetizan, aprenden e interiorizan esos relatos (el mapa de geografía de España, las instituciones del Estado...) y conocen la «cultura del Estado» (lengua castellana, historia de España y literatura castellana), se crea ese imaginario colectivo que es «España».
Sin alfabetización, no tienes Estado-nación moderno, porque para que exista un Estado-nación en su sentido actual necesitas que la ciudadanía crea en él y hoy día todos los países de Europa tienen en su currículo educativo asignaturas de historia del propio país, de la lengua «nacional» y de literatura. La escuela «nacionaliza», en resumen.
En el caso de naciones históricas (no confundir con «Estado-nación») como Catalunya o Euskal Herria, ha habido también un proceso en esa dirección estandarizando sus lenguas y recuperando instituciones políticas, en la medida en que han podido pese a la fuerte oposición de los Estados español y francés.
En Euskal Herria ha habido varios hitos: Sabino Arana, Estatuto de 1936, estandarización del euskera y creación de un estándar llamado batua, Estatuto de 1979, etc. Tienes un himno, una bandera, una literatura en euskera (yo solo he leído a Bernardo Atxaga), música en euskera, deportes propios de todo tipo (la pelota vasca, aizkolari, harri-jasotze, etc.).
En Catalunya lo mismo, aunque el estándar es más antiguo (1913, Pompeu Fabra) y tiene una literatura más fuerte.
Sea como sea, en la práctica para hacer vida normal, dependiendo de dónde vivas, probablemente no necesites ni catalán (y en algunas partes quizás ni castellano, con el inglés te baste), pero obviamente vivir en ese territorio no significa estar integrado. Estar integrado en una sociedad significa pasar a formar parte de su sistema de organización y cumplir y respetar su cultura y valores: la más básica de ellas, aprender y saber su idioma y entender y cumplir sus normas. Sin conocer ambas lenguas oficiales, no formas parte del sistema actual en Catalunya, punto.
Una persona analfabeta, si no existiese ni la radio ni la televisión y le preguntases de dónde es o qué se siente, no tendrá un sentimiento de españolidad, porque sencillamente no sabrá qué implica ser español ni te sabrá explicar qué es España. La escuela «nacionaliza».
España, el Estado-nación con las fronteras actuales, es un producto de un proceso de centralización y de homogeneización a través de los mecanismos mencionados; Catalunya y Euskal Herria, por contra, son naciones históricas muy antiguas (los vascos ya estaban en la península antes de que llegaran los romanos, se dice que estaban en Europa antes de que llegaran incluso los indoeuropeos, el pueblo del que descienden prácticamente todas las lenguas europeas: lenguas germánicas, eslavas, itálicas, célticas, helénicas, etc.).
En resumen, para integrarse en Catalunya hay que aprender catalán, punto final.