Morvan Barcelo (30) es el último heredero de la Casa Barcelo, una antigua casa noble fronteriza cuyos dominios se extendían desde los riscos de Kash-Moru hasta Brumaverde, una tierra salvaje rica en reminderio. Cuando nació, la casa ya estaba en decadencia: acosada por la presión constante de Valls y gobernada por un padre duro y violento, más obsesionado con la gloria perdida que con el futuro de su hijo.
La caída fue repentina y brutal. La mansión Barcelo fue arrasada en una noche de tormenta por una banda de maleantes fronterizos. No hubo defensa organizada ni auxilio desde Valls. Solo fuego, acero y gritos ahogados por la lluvia. Morvan fue el único superviviente. Con apenas diez años, huyó hacia los riscos, dejando atrás un nombre que, en ese momento, solo significaba muerte.
Durante décadas vagó sin tierra ni apellido. Sirvió como criado, mensajero y mercenario ocasional, aprendiendo a observar, callar y sobrevivir. En ese tiempo entendió que la ley no protege a los débiles y que la nobleza, sin poder real, es solo una historia que otros deciden cuándo olvidar. Fue entonces cuando aceptó el pacto que lo convertiría en brujo: no por ambición, sino porque seguir siendo solo un hombre significaba desaparecer.
Años después regresó a sus antiguas tierras. Entre las ruinas de la mansión familiar recuperó los restos de su padre, cerrando un capítulo que nunca había querido heredar. Infiltrado entre los responsables de la masacre, localizó a su líder y acabó con él, cerrando una deuda de sangre largamente aplazada, sin celebraciones ni redención.
Desde entonces, Morvan camina por la frontera como un hombre silencioso, decidido a que el nombre Barcelo vuelva a tener peso… aunque ya no sea como antes, y aunque ese peso se sostenga sobre pactos y sombras.
Fue en ese camino cuando se cruzó con Manrique Morclade, capitán de la guardia de Valls. Manrique no lo trató como a un fugitivo ni como a una reliquia del pasado: le pidió que liderara. Que reclamara lo que le fue arrebatado y pusiera fin a la tiranía del barón Osric I de Valls.
Morvan aceptó. No por nostalgia. No por venganza. Quizás un poco por venganza.
Hoy, Morvan del Vado Negro avanza hacia Valls no como el niño que huyó de una casa en llamas, sino como su legítimo heredero, dispuesto a gobernar una frontera que nunca fue amable…

Manrique Morclade (38), nuevo capitán de la guardia de Valls, nació en Daggerford, aunque fue criado en Loudwater bajo la tutela de su tío Verbal, sacerdote al cargo de su milenaria capilla. A los doce años entró como paje armado en la pequeña guarnición del recién instaurado barón Osric I de Valls, cuando la baronía aún se sostenía más por ambición que por legitimidad. Creció entre patrullas, murallas y escaramuzas, ascendiendo por una disciplina inflexible que le ganó respeto incluso entre oficiales de sangre noble.
Hace poco fue nombrado capitán de la guardia de Valls, tras el asesinato aún no resuelto de su predecesor. El ascenso no llegó con celebraciones, sino con miradas largas y silencios incómodos. Manrique lo sabe: ese cargo viene con enemigos invisibles y errores que no se perdonan.
Fue en esos días cuando Manrique Morclade encontró a Morvan Barcelo, último heredero de la Casa Barcelo y legítimo heredero a la baronía de Valls. El encuentro no fue solemne ni inmediato. Hubo desconfianza, preguntas incómodas y verdades difíciles de aceptar. Manrique no creyó por fe ni por simpatía: se convenció por coherencia.
Morvan no se presentó como barón ni reclamó títulos. Habló de fronteras, de tierras abandonadas, de deudas antiguas y de una Valls gobernada más por miedo que por ley. Y eso encajó demasiado bien con dudas que Manrique llevaba años enterrando.
Recordó entonces las enseñanzas de su tío Verbal, el sacerdote que lo crió: que la ley sin justicia es solo costumbre,
y que obedecer no siempre equivale a servir al bien común.
Manrique entendió algo que llevaba tiempo evitando: Osric I de Valls ya no gobernaba para mantener el orden, sino para conservar el poder. Y seguir sosteniéndolo significaba convertirse en parte del problema.
Fue Manrique quien dio el paso. Juró lealtad a Morvan Barcelo como legítimo barón, pero no como vasallo ciego. Juró servir a Valls antes que a cualquier hombre, y al orden antes que al poder. Juró que, si Morvan traicionaba ese juramento, sería él mismo quien alzaría la espada.
Desde ese momento, ambos caminan la misma senda, no por confianza plena, sino por una verdad compartida: Valls no puede seguir gobernada por Osric I.

Elian Vorst (25) es un joven mago humano formado en Candlekeep, donde se especializó en Evocación y magia de guerra.
Fue asignado hace dos años al servicio del Barón Osric I de Valls como mago auxiliar Aunque detesta el combate, se le utiliza como mago de batalla en escaramuzas fronterizas y defensas de fortaleza.
Es competente, disciplinado y frío cuando lanza conjuros, pero cada hechizo le pesa como una culpa. No cree en héroes ni en gestas, y está convencido de que la magia ofensiva solo sirve para alargar guerras inútiles.
Sufre pesadillas recurrentes con los primeros hombres que vio morir por un conjuro suyo. Evita cualquier promoción que lo acerque a los círculos de mando. Su único sueño es abandonar Valls y marcharse a Secomber. Allí quiere usar su magia solo para cultivar hierba mediana y no volver a levantar jamás una mano contra nadie.

Hano Veldan (33), no nació para ser un héroe ni lo pretendió jamás. De origen humilde y criado en la frontera, aprendió pronto que sobrevivir era más útil que destacar y que la gloria suele atraer más problemas que recompensas. Aprendió a disparar antes que a discutir, a cubrir una retirada antes que a buscar reconocimiento, y a mantenerse en pie cuando otros ya habían caído.
Sirvió como arquero en múltiples campañas menores, acumulando más batallas que años cumplidos. Nunca fue el más ruidoso ni el más condecorado, pero siempre estaba ahí cuando hacía falta. Con el tiempo, esa fiabilidad le valió el puesto de jefe de los arqueros de Valls, una responsabilidad que asumió sin discursos ni celebraciones.
El propio barón Osric I lo eligió como guardaespaldas personal de Elian Vorst. Hano entiende que proteger bien a alguien importante suele ser mejor negocio —y más honesto— que perseguir gestas inútiles.
Afable, cercano y sorprendentemente optimista para alguien de su oficio, Hano actúa a menudo como mediador natural entre soldados y oficiales, apagando tensiones antes de que estallen. No cree en juramentos grandilocuentes ni en lealtades teatrales: cumple su deber porque es lo correcto y porque alguien tiene que hacerlo.

Sierra (18) es una novicia de Ilmater.
Llegó de Brumaverde hace dos años, cuando la Hermana Mariel compró su libertad. Y decidió quedarse. Hizo voto de silencio… a su manera. A veces habla. A veces no. Depende de lo que crea que Ilmater querría en ese momento. Ilmater o ella misma.
Es buena curandera. Tiene manos suaves y una intuición para el dolor. Suele ir a la prisión de Praka con las hermanas. Allí no pregunta demasiado. Parece inocente. ¿Lo es?
