Elian
Grutko se rasca la nariz, mira a un lado, luego al otro, como si incluso quieto estuviera espiando algo. Después alza los hombros.
"No sé quién era. Salió sin prisa, cogió un caballo bueno y se marchó por el camino del oeste. Alguien que no quería que lo vieran hablando con vosotros. Eso ya dice bastante."
Entrecierra los ojos y mira a Anya.
"Y sí… se movía como alguien que ya conocía a nuestra líder. No como un extraño."
Luego mira a Elian con una media sonrisa.
"La espada del khan… no sé dónde está, señor mago. Pero yo no estaría tan seguro de que siga en manos de Van de Gesloten Vuist. Quizás nunca lo estuvo."
Baja un poco la voz.
"He visto antes a ese hombre taciturno rondando la Casa del Tesoro. Más de una vez. Nunca entra por la puerta grande. Y una noche entró con un bulto envuelto en tela negra… demasiado largo para ser un cofre."
Escupe al suelo.
"Puede que no tenga la espada. Puede que la busque. O puede que la haya movido ya para otro amo."
Se encoge de hombros.
"En Heliogábalo todo ocurre entre sombras. Lo que ves de día suele ser mentira de noche."
Se anima un poco al hablar, como un chiquillo orgulloso de traer malas noticias frescas.
"El circo soravio va para allí. Carromatos pintados, músicos, bestias amaestradas, mujeres guapas, payasos tristes… todo muy bonito. Pero no es solo un circo."
Su sonrisa desaparece.
"Dentro viajan cuchillos. Y veneno. Y hombres que no hacen ruido al andar."
Hace una pausa.
"Gente del Gremio de Asesinos de Galena. Mala gente. Muy mala. Si te matan, das gracias si lo hacen rápido."
Mira otra vez a Anya.
"Antes trabajaban al mejor postor. Ahora no. Ahora sirven en exclusiva a un nuevo benefactor. Alguien con mucho oro…"
Se señala la sien.
"Ahora iré a Praka", dice el muchacho, mirando a Anya. "La tribu quiere asaltar la prisión y sacar a nuestros hermanos. No sé qué pensáis, khan, pero algunos dicen que es un suicidio."
Anya guarda silencio unos instantes.
"Los están matando. Despacio. Pero un asalto frontal fracasará. No vencerán con las fuerzas que tienen ahora."
El chico se encoge de hombros.
"El médico está cumpliendo su parte del trato. Mantiene con vida a cuantos puede. Pero pronto descubrirán vuestro destino, khan, y os perseguirán."
Hace una pausa.
"La tribu también quiere sacar de allí a Ludovico y a su mujer."
La bárbara asiente lentamente.
"Sin mi espada no oirán mi voz. Solo verán a una khan derrotada. Los ancianos seguirán aferrados a las viejas costumbres."
Clava la mirada en la distancia.
"Primero debo recuperarla."
Luego vuelve los ojos hacia el muchacho.
"Diles que no apruebo el asalto a la prisión. No me obedecerán, pero quizá eso nos compre algo de tiempo."
Su tono se endurece.
"Cuando tenga la espada, me escucharán."
Se acerca un paso.
"Espérame dentro de tres días en Heliogábalo, Grutko."