DanilaBagrov Y sí, menuda turra. Gracias al que se haya quedado a leer.
Pocas cosas llenan tanto en la vida como hacer el bien a las personas.
Es la manera de satisfacer al animal interior en su afán de controlar y crear el entorno mientras en simultáneo las respetas en lugar de esclavizarlas de tu ideología.
Se empieza poco a poco. Cada día cuenta y vas cambiándote, a ti y al mundo...
Todos tenemos el doloroso deseo de ser amados. Dirige la base misma de nuestras vidas. Es la manera de controlar el entorno sin necesidad de odio, miedo, tensión, demasiado esfuerzo o lo que sea. El amor que damos y recibimos es una garantía de bienestar y felicidad, de que en el fondo sale todo bien y de agradecer, de que hay apoyo del mundo y de que existe un orden que merece la pena.
Pero, cuando no lo tenemos, cuando no gozamos de amor, para muchos egoístas que no han entendido el intercambio equivalente, el deseo de control animal sobre el mundo se corrompe y ya no devuelve amor ni se sacrifica por otros. Se pervierte la mente al punto de que cualquier cosa vale mientras tengamos peso, mientras contemos, mientras nuestra existencia al menos influya en el entorno.
Así nace la diversión por hacer daño, el golpe gratuito, la manera fácil de sentir poder sobre los demás. La técnica del amargado abusón que no desea dar amor y por ello quiere sentirse rey de la jungla a base de hacer daño. Depredar patéticamente. Destruir el mundo en lugar de construirlo. Porque es más fácil e inmediato. Poner la zancadilla a los demás le es más sencillo y satisfactorio que luchar por escalar la montaña.
Pero el sacrificio vale la pena. Levantar a la gente del suelo en lugar de empujarla a él. Es lo que de verdad sacia y evita que un animal penoso y egocéntrico tenga que acudir adictivamente a su subidón de hacer daño a otros para engañar a la autopercepción.
¿Prefieres saciarte ahora mismo durante breves instantes con golpes a inocentes o prefieres saciarte de veras con algo que te nutrirá toda la vida? Demorar la gratificación es la base de la civilización y de todos los logros humanos. Sobre todo porque te hace ganar más a largo plazo y para toda la vida que lo que obtienes siendo hedonista compulsivamente. Lo que vale la pena suele costar esfuerzo. Educarte en eso y en saber luchar y en posponer satisfacciones animales es lo que hará que tu vida valga la pena. Te hará crecer. Harás crecer a otros. Te animorará el sufrimiento porque aprenderás a domarlo. Los sacrificios y periodos de dolor serán cada vez menores y más satisfactorios. Entrenarás tu cabeza a la hora de saber surfear la ola de la tristeza y el pesar de la vida.
Pocas cosas valen tanto la pena como el hacer el bien a los demás. Te llenará. Encontrarás el amor que echabas de menos, aunque quizá no sea el del tipo que creías buscar. Te saciará a largo recorrido, sobre todo cada vez que te acuerdes de tamaño logro que merecía la pena. Los éxitos que muchos creen ver en las venqanzas inmediatas y demás no nutren a largo plazo y apenas a corto, así que te mueres de hambre y necesitas inmediatamente más. Y vas empeorando. Hasta que te conviertes en un psicópata.
La empatía humana no es instintiva. Se educa a diario en sus muy diversas formas. Si no, puede perderse.
Aunque sólo sea por probar, únete a cualquier iniciativa donde hagas un bien a gente desconocida, de esa que quizá creas que no te importa en absoluto. Tan sólo aproxímate y dale una pequeña oportunidad. Y cuando veas todo el bien que se les puede hacer y cómo por ejemplo te lo agradecerán y personalizarán en el trato en ciertas ocasiones, tu interior y tu vida irán cambiando al acordarte de sus caras, de su bienestar, de sus gracias y de cómo contribuiste a ello.
Es lo único que vale la pena para que la vida valga la pena. Lo que nos alimenta por dentro. Construir en lugar de destruir. Saciarse a largo plazo con todo lo bueno que echaste a rodar por el mundo adelante o autoengañarse con míseros logros llenos de odio en el subidón del momento. El dilema está visible.