Depende. Si estoy en casa cago rápido, tengo esa zona bien trabajada. Si me toca cagar en el curro, entonces ahí sí me tomo mi tiempo y lo convierto en una ceremonia ritual en la que el tiempo se detiene y todo parece ir a otra velocidad. Media hora más tarde, cuando salgo del inodoro, aparezco tan descansado que necesito reactivarme con un buen desayuno o merienda de esas que requieren su tiempo, pongamos al menos tres cuartos de hora. Así, al acabar tal banquete, no es raro sentir otra vez la necesidad de generar otra ceremonia ritual con su tiempo lento y parsimonioso fluir del tiempo. Con la tontería se me hace la mañana.