yavanna Me gusta dejarme llevar por la inercia de la rutina
Ahora ya más en serio, yo en general también estoy de acuerdo en dejarse llevar por cierta rutina, la cual intento organizar alrededor de mis aficiones y también de ciertos momentos de simple contemplación (en ese sentido lo tengo fácil porque puedo tumbarme bajo una higuera o encina, en casa, y disolverme en el entorno). Pero también noto, especialmente a medida que envejezco, que si me dejo llevar demasiado por esa rutina entonces pierdo la referencia del paso del tiempo: cuando llevo mucho tiempo repitiendo actividades y modo de vida, aunque sean satisfactorias y divertidas, miro hacia atrás y mi cerebro no sabe cuánto tiempo ha pasado desde ese o aquel otro recuerdo. Cuando eso sucede, cuando descubro que no sé qué ha pasado en los últimos años, entonces me invade cierta sensación de vacío, como si el tiempo se precipitara en una peligrosa maniobra de aceleración.
Por eso de tanto en tanto conviene hacer cosas que rompan con esa rutina, que sean novedosas para el encéfalo y que, de alguna manera, sirvan como mojones de piedras para cuando nos dé por mirar atrás, tener al menos una referencia del camino trascurrido.