Bueno, terminada. Un despropósito, el último episodio es la culminación de la moñería más chabacana con una bochornosa falta de sutileza (lo que hace con la canción de The Wall es absolutamente lamentable, no se puede ser tan jodidamente evidente, me he sentido insultado). Especialmente destaco algunos diálogos sobre el dinero que parecen escritos por un adolescente, así como cierta referencia a Donald Trump que, vuelvo a lo mismo, viendo esta mierda siento que me tratan por tonto y es que no puedo con eso.
De todas las versiones de lo que sucede al final de La narración de Arthur Gordon Pym la que propone esta serie es la menos evocadora, la más simplista, la menos poética y la más mundana. Y ese es el gran problema de toda la obra del señor este que tanto gusta, y que en esta serie se lleva al extremo. Todo es maníqueo, burdo, fácil y torpe, recubierto de un manto de moralina barata muy americano que me niego a tolerar.
No me gusta decir lo típico de que es un insulto a la obra de Poe, porque la obra de Poe seguirá ahí incolumne, pero si que tengo claro que nada me parece más alejado del poder evocador, la pristina perfección formal y la diáfana pureza romántica del genio de Boston que esta serie.
O dicho de otra manera, no esperaba nada y me ha decepcionado.