Relatos 4º cruce: El perro de Fry vs Tomás Acertijo. Condición: El relato debe ser cíclico. Es decir, el relato debe finalizar volviendo a su situación inicial.
Técnicos de Investigación Aeroterráquea
—Sois el equipo de intervención de emergencias, supongo. Identifíquense.
Las tres personas que acabaron de entrar por la puerta miraron las tarjetas identificadoras que colgaban de sus cuellos.
—Soldado Alex, de exploradores.
—Soldado María, de ingenieros.
—Soldado Gabriel, de asuntos internacionales.
El militar que tenían delante sacudió la cabeza.
—Maravilloso. Un boy scout, una friki y un traductor. ¿Esto es lo mejor que han podido enviar?
—Ya, ya… y usted, ¿quién es? —preguntó con sorna María.
—Soy el mayor Johnson. Basta de cháchara: estamos en Washington D.C., este es el piso franco utilizado por una extinta célula durmiente de agentes soviéticos. La guerra fría acabó, perdieron, y se fueron por patas. Pero no se llevaron todo con ellos. Se ha detectado la activación de una bomba y os han enviado para detenerla. ¡A trabajar!
El trío de expertos examinó la habitación: quince metros cuadrados, con una butaca, una mesita de café, una nevera y un carrillón; al fondo había una persiana veneciana tras la que se intuía un cristal; en la puerta de la entrada había dos banderas colgadas.
Lo primero que Gabriel hizo fue girar la varilla de la persiana para ver a través de ella. Era un cristal opaco, con una abertura de unos cuatro dedos de diámetro.
—A través del agujero se ve una salita, con una pantalla. Pone: яomper цnicamente ѕі importante дlarma. Y un temporizador: Dieciocho minutos y bajando.
—En la mesita hay una revista, con la caída del muro de Berlín en portada. Según el titular, pasó ayer —añadió Alex.
—Y la nevera está cerrada con un candado direccional. ¿Veis algo más, chicos?
—Creo que el reloj tiene un armarito. A ver… Sí. Una caja de caudales, candado numérico. ¿Alguna idea?
María y Gabriel se acercaron a Alex.
—Mmm… ¿En qué año estamos? —preguntó al mayor.
—Qué extraña cuestión, María. Obviamente, en 1991.
—No se abre. ¿Otro número?
Alex volvió a la mesita y cogió la revista.
—Prueba 1989.
La caja se abrió. Contenía un dardo de gomaespuma con la punta imantada y una hoja de papel con un mensaje: En caso de derrota, dispersáos. Andréi se irá el segundo, en la dirección a la que no vaya nadie. Natasha la tercera, al norte.
Gabriel depositó el dardo y la nota en la mesita del café.
—Nos falta más información. Sigamos buscando —propuso.
El equipo de especialistas estuvo paseando por la habitación, mientras el mayor se puso a ojear distraídamente la revista. Doce minutos.
—¡Eh, venid! Esto puede ser algo. Las banderas de la puerta.
María señalaba dos pequeñas enseñas de un palmo de alto por dos de ancho. Una era la de los Estados Unidos de América, boca abajo. La otra era de la Unión Soviética, bien colocada.
Intentaron cogerlas, pero estaban colgadas. No obstante, se podían mover sobre sí mismas.
—Creo que lo tengo. Los rusos perdieron. A ver si… —Alex cambió las posiciones de ambas banderas, y en cuanto terminó de poner boca abajo la bandera de la URSS, un sonoro clac se escuchó en la mesita.
—¡Un compartimento secreto! —exclamó Gabriel mientras se acercaban todos hacia allí.
En el interior se encontraba otra caja de caudales, ésta con un candado alfabético.
—Pero está en ruso… ¿Alguna idea? —preguntó María.
Negaron con la cabeza, y se pusieron a buscar alguna pista nueva por la habitación. Siete minutos. Seis. Cinco. Se acercaron al mayor, en busca de ayuda.
—No es ruso. Es el alfabeto cirílico. No os suena porque vuestros teclados no tienen esos caracteres.
—¡Ah! El mensaje del ordenador —gritó Gabriel, yendo hacia el cristal opaco—. Prueba con я, ц, ѕ, і, д.
—¡Justo! —celebró Alex—. Hay otro mensaje: Boris el último, al sur. Y Hasbullah cuanto antes, al oeste.
Tras pensar unos segundos, María fue hacia la nevera: ←, →, ↑, ↓.
—¿Cuánto queda?
—Dos minutos. ¿Qué hay dentro? —preguntó Gabriel.
—Una pistola Nerf. Rápido, ¡el dardo!
Un minuto. Cargaron el arma. Cincuenta segundos. Insertaron el cañón por la abertura del cristal. Cuarenta. Dispararon a la pantalla. El imán mantuvo el proyectil enganchado. Sonó un bocinazo.
—¡Conseguido! —celebró el mayor.
—¡Vamos! No ha estado mal el modo exprés, más tensión.
—Exacto Gabi, mucho mejor que ese plagio de “Lo que hacemos en las sombras” —sentenció Alex.
—Lo habéis hecho muy bien. Enhorabuena. Ya podéis ir a la entrada, mi compañero os hará la foto de recuerdo.
El equipo se marchó hacia el recibidor, donde otro trabajador les cobraría lo que quedase por saldar de la experiencia y les tomaría la pertinente instantánea de recuerdo en el photocall publicitario.
Mientras tanto, el director de juego se quedó recogiendo todo y montándolo todo para la siguiente partida. Dos pases más y podría irse a cenar.
Ya con todo listo, se colocó la gorra y esperó a que se abriera la puerta.
—Sois el equipo de intervención de emergencias, supongo. Identifíquense.