Ayme Román se suma a la polémica.
Afirma que conoce varios casos de chicas acosadas (incluída ella) por un político de izquierdas muy importante, pero no lo ha denunciado porque a las mujeres no se les cree; la contrademandan personas muy poderosas y las otras tías temen denunciar también.
Utiliza a Elisa como pretexto para no denunciar, ignorando todas las declaraciones contradictorias que ha dado esta tía, y lo ambiguo que resulta todo el tema del consentimiento en su caso personal.
Según ella desconocía que Errejón fuera un acosador sexual a pesar de que escuchó por parte de conocidas que se acostaron con él que era un tipo infiel, fiestero y muy promiscuo.
También atiza a los aliados feministas y las dinámicas de poder entre estas figuras mediáticas y las zagalas que les admiran solo por hablar con lenguaje inclusivo o repetir eslóganes.
Se queja de que la manosfera (derecha e incels) critiquen la contradicción de los aliados feministas y hombres de izquierda, pero que no les importe realmente la violencia ejercida sobre las mujeres.
Este punto me parece clave porque ignora de forma adrede que mujeres de izquierda y feministas han sido cómplices intentando callar a las víctimas, ignorando sus denuncias o directamente cargándose a las que tienen los ovarios de hacerlo como ha hecho presuntamente Yolandita. Evidentemente, no ha tirado piedras sobre su tejado, que se nos cae el chiringuito.
También se muestra perpleja al saber que muchos contactos suyos sabían que Errejón tenía fama de agresor sexual. Es decir, era algo de conocimiento dentro de esos entornos. Lo mismo con el tío que la acosó sexualmente. Dice sentirse traicionada por peña de su propia ideología.
Finaliza hablando sobre la agresión y la dificultad de delimitarla o definirla. Dice que ha quedado destrozada emocionalmente debido a dos parejas suyas, que nunca la maltrataron ni agredieron física ni emocionalmente. Pero que su experiencia personal no implica que ejercieran violencia contra ella. A veces las personas tienen diferentes objetivos o intereses.
Lo último es interesante porque se puede aplicar al caso de la tía que acusó a Errejón: parece que su poder mediático era un afrodisíaco irresistible, y a la tía le ilusionaba ser pareja de alguien con ese estatus; y nuestro Milhouse solo estaba interesado en meterla y seguir con la siguiente. Por eso, consintió situaciones que en otro contexto serían abusivas.
Todo apunta a que en un futuro lo del consentimiento retroactivo llegue a ser una realidad.