Ronan, Rachel, María y Bailey
Rynne se queda en silencio unos segundos, como si la pregunta de Ronan la hubiera arrastrado de nuevo a un tiempo muy lejano. Acaricia con los dedos la superficie de la mesa, cerca del borde de la daga, y su voz brota como el murmullo de un río que recuerda su curso.
"No era un monstruo. No al principio."
Levanta la mirada.
"Entonces… tenía otro nombre. Uno olvidado por casi todos. Se llamaba Cael Devran."
Hace una pausa. El nombre flota en el aire como un eco de algo que alguna vez fue humano.
"No nació con poder. Ni en la tragedia. Era un escriba. Un lector de estrellas. Un hombre culto, pero solitario, que servía en una torre de los Bajíos del Este. Allí copió grimorios, limpió cenizas de braseros, y aprendió el peso de las palabras con más devoción que ambición."
Rynne toma un sorbo de té, pensativa.
"Tenía una esposa. Y un hijo pequeño. Murieron... pero no como algunos cuentan. No fue por una guerra, ni por castigo. Fue por un error. Un capricho burocrático que envió a una partida de soldados a quemar la aldea equivocada. Un sello mal puesto. Una orden mal transcrita. Nadie pidió disculpas. Nadie siquiera lo anotó. Solo fue una nota al margen. Un olvido."
Sus ojos se endurecen levemente, aunque su voz permanece serena.
"Dicen que algo se quebró entonces. No su cordura, sino su fe. En los dioses. En las leyes. En el mundo. Cael Devran abandonó la torre. Se llevó unos libros. Y se fue donde nadie lo seguiría."
"Años después, cuando reapareció, ya no respondía a su nombre. Se hacía llamar Maergrath. En la lengua oscura del sur, significa 'el que devuelve la voz al silencio'."
Deja que el nombre repose.
"No buscaba venganza. Buscaba corregir el error. Reescribir la vida. Pero cuando alzó a los suyos… no fueron los que recordaba. Ni siquiera eran sombras. Eran reflejos rotos. Criaturas tristes y furiosas que lo odiaban por devolverles una forma sin alma. Le atacaron. Y sobrevivió. Porque el poder ya era suyo. Porque el abismo, una vez abierto, no se cierra fácilmente."
"Desde entonces, su causa se convirtió en doctrina. Atrajo discípulos, encontró libros que debieron haberse quemado y nombres que no debieron haberse recordado. Su culto no empezó como una secta… empezó como una red de arrepentidos. Gente que también perdió algo que el mundo se negó a devolver."
Susurra, casi como si temiera que el pasado escuchara.
"Y así nació el culto de Urth Vessar, 'la Sombra que Susurra'. Levantaron criptas. Ciudades calladas. Hasta que la Capilla de las Mil Voces fue fundada sobre los susurros… para silenciarlos."
Entonces se encoge de hombros, como si no quisiera dramatizar.
"Lo que despertará, si algo despierta, no puedo saberlo con certeza." La voz de Rynne se vuelve más grave, como si hablara para sí misma. "Puede que solo sea un fragmento… una sombra de lo que fue. Y aun así, eso bastaría para poner a prueba a cualquier ciudad de este valle. Porque incluso un retazo de su poder bastaría para teñir de oscuridad el Delimbiyr entero."
Se inclina hacia la daga con una mirada tensa.
"Pero si es él. Si ha vuelto entero, con todo lo que fue y todo lo que aprendió desde entonces… no hablaremos de proteger este cementerio, sino de contener una ola que arrasará hasta las Montañas Grises. Y más allá."