Los condenados (Milly, Eli y Pizzicato)
Mientras el resto de la compañía continúa durmiendo y Bori permanece en guardia, atento a cualquier ruido o sombra,
Elijah, Milly y Pizz ascienden en silencio por la escalera, con Rossy posada en el hombro de este último. Cada peldaño cruje lo justo para recordarles que la torre está despierta… o lo ha estado hace muy poco.
Al llegar al segundo piso, algo resulta inmediatamente inquietante.
No queda rastro alguno del cadáver de Pazgüato, devorado por la revenant. Ni sangre. Ni restos. Ni siquiera el olor. La mesa está recogida, limpia, como si nadie hubiera cenado allí la noche anterior. Todo está en orden, excesivamente en orden, y eso resulta más perturbador que el caos.
Sin embargo, no todo está vacío.
Desde el tramo superior de la escalera asciende una luz tenue, constante, que invita —o reclama— atención. El tercer piso está iluminado.
Y alguien, sin duda, ha pasado por aquí mientras el resto dormía.