Turno 19
El gnomo levanta la vista. Parpadea una vez. Parpadea dos veces. Mira a Milly como quien observa un jarrón caro caer al suelo a cámara lenta: con resignación, sorpresa y cero intención de atraparlo.
Y entonces el gnomo levanta una mano, como deteniendo una función que no ha pagado por ver.
"Cariño," dice con una paciencia casi académica, "no sé cómo decírtelo… pero no me interesan las mujeres, ni las que tienen cariños tarifados, ni las que no, tampoco las que se meten en cuartos ajenos empapadas". Hace un gesto vago hacia su propio pecho. "Yo juego en… otro equipo, ¿vale?"
Milly se queda quieta un segundo. Pizz, en las sombras, suelta un “hm” que suena a risa reprimida.
El gnomo añade: "Y además, ¿descargar el pito? Por favor… ¿qué edad crees que tengo?"
Luego chasquea la lengua, suspira, mira a Milly de arriba abajo y añade, con un toque agrio:
"Así que eres uno de esos intrusos de los que esos idiotas están hablando. Pues enhorabuena, intentando seducir a una reinona poniéndole las ubres en la cara ya has superado el coeficiente intelectual medio de esta torre."
Le da una patada a una caja, hastiado.
"A mí no me importa que jodáis al barón. Ojalá tuviera las agallas para hacerlo yo mismo y largarme de esta pocilga. Ese hombre me tiene moviendo cajas desde que era más bajito que ahora. Y el monje ese que traen…", hace una mueca, "da miedo. Y el maestro del monje más. Yo, por mi parte, sobrevivo como puedo."
Pizz, mientras tanto, observa rápido el interior. Las cajas son enormes, pesadas, llenas de pólvora en sacos gruesos.bImposibles de cargar sin que les vean. Y fuera sigue lloviendo a cántaros, lo suficiente para mojar la mecha de cualquier cosa antes de dar dos pasos.
Inteligencia de Bori: 3, 3. Éxito.
El gnomo se encoge de hombros.
"Puedes coger algo pequeño… si te hace ilusión morir en una explosión. Pero las cajas grandes…", da otro toquecito con la bota, "no salen de aquí sin que media torre venga detrás."