Todos
María levanta la mano hacia el lobo con un gesto rápido, casi instintivo, y murmura una maldición que parece rasgar el aire entre ambos. Un escalofrío recorre el claro.
Los ojos de la criatura se ennegrecen al instante, volviéndose tan oscuros como un pozo sin fondo. Pero no es sólo oscuridad: en la negrura, algo se refleja.
Si alguien pudiera acercarse lo suficiente —si fuera tan temerario como para mirar directamente dentro de esos ojos malditos— vería allí el rostro de María, diminuto, preciso, como si estuviera asomándose desde el otro lado del abismo.
Y en los ojos de esa María reflejada, se vería el reflejo del lobo.
Y en los ojos del lobo reflejado dentro del reflejo de María, aparecería otra María, más pequeña aún.
Y así, una secuencia interminable de espejos encadenados, María y el lobo repitiéndose mutuamente en una espiral descendente sin final, como si ambos quedaran atrapados en un único punto del tiempo.
El lobo tiembla. Un gemido se le escapa de la garganta.
Porque por un instante, apenas un latido, María está dentro de él. Y él, dentro de ella.
Al mismo tiempo, Esclavo, malherido, ataca a uno de los lobos colindantes.
Ataque: 6, 5. Éxito.
Daño: 1, 6, 6, 3 → 3 puntos de daño. Herido de muerte.
Desgarrándole el pescuezo con rabia.
Pero Rachel no pierde el tiempo y lanza la bomba gnómica con más precisión que el pobre gnomo torpe de Bori. El objeto explota en el lugar preciso.
Tirada: 6, 3. Éxito.
Daño al lobo A: 4, 1, 3 → 2 puntos de daño.
Daño al lobo B: 2, 6, 4 → 2 puntos de daño.
Daño al lobo C: 4, 3, 2 → 2 puntos de daño. Muerto.
Valentía del lobo A: 1, 5. Éxito.
Valentía del lobo B: 1, 1. Fallo. Paralizado dos turnos.
Ronan se lanza contra el lobo, pero cansado, falla el golpe estrepitosamente.
Bailey ve a Ronan tambalearse, casi caer bajo el peso del ataque. Una ráfaga de indignación le sube por el pecho, algo feroz y muy suyo.
Ni hablar del peluquín.
“King, defiende a Esclavo”, ordena con la voz baja pero firme, casi un gruñido. El huargo obedece al instante, moviéndose hacia el perro herido.
Ella, mientras tanto, avanza entre el barro y los cuerpos, flanqueando al lobo que acecha a Ronan. Clava los ojos en la bestia, la lanza lista, el pulso frío como el acero.
“Eh, ¿tú te haces llamar lobo?” suelta con un desprecio calculado. “King es un lobo. Tú… tú eres un perro grande.”
Mofa: 5, 5. Éxito.
Inteligencia del lobo: 5, 3. Fallo. Provocado.
La criatura gira la cabeza hacia ella, ofendida, furiosa, exactamente como Bailey quería.
King se impulsa hacia adelante con una agilidad casi antinatural para un animal de su tamaño. Aún sangrando por el cuello, aún jadeando por el dolor, se mueve como si el instinto más puro lo guiara: proteger a Esclavo, su compañero, su amigo del alma.
El huargo zigzaguea entre el barro y los cuerpos derribados, clavando las garras con precisión de depredador. En un parpadeo está encima del lobo que amenaza al perro herido.
Ataque: 5, 3. Éxito.
Daño: 3, 6, 6, 5, 6 → 5 puntos de daño. Muerto.
Y sin darle tiempo a reaccionar, King se abalanza. Sus fauces se cierran con un chasquido brutal alrededor del cuello del lobo. Y la cabeza sale despedida entre sus colmillos.
En un solo movimiento, King lo arranca de su miserable existencia, dejando caer el cuerpo decapitado en el barro mientras su propio pecho sigue ardiendo de ira por Esclavo.
