Todos
El escorpión que bloquea el paso norte avanza con una rapidez impropia de su tamaño, aunque propia de sus muchas patas, deslizándose sobre la piedra como si no pesara nada. Se interpone entre Bori y Elijah y alza el aguijón con un movimiento lento, deliberado, casi consciente, apuntando directamente al gnomo.
El golpe llega… pero falla. El aguijón se estrella contra la roca con un impacto seco, mal calculado. La piedra responde con un crujido brutal.
Algo cede. El extremo del aguijón queda aplastado, torcido en un ángulo imposible, reducido a un muñón inútil.
Entonces el desfiladero se llena de un sonido espantoso: un chirrido agudo y sostenido, como el canto de una cigarra gigantesca atrapada dentro de la roca. No es un grito de dolor. Es una vibración profunda que se cuela por los huesos y hace temblar el aire.
La criatura se sacude, reacomoda su cuerpo extraño, y sin dudar se lanza de nuevo, esta vez cerrando las pinzas contra Elijah.
Las pinzas se cierran con un chasquido seco… pero solo atrapan aire. El golpe no alcanza carne, aunque deja la sensación de que algo letal acaba de pasar rozando lo inevitable.
El segundo escorpión permanece inmóvil en un lateral del paso, casi confundido con la piedra. No ataca. Observa. Espera.
