Todos
El hombre excéntrico desciende montado en su cabra montesa, avanzando por la roca como si el sendero no existiera. Se detiene frente al grupo y los observa en silencio, uno por uno, con una atención fría y paciente.
Sus ojos se clavan en Milly.
La ve tomar el cuerno. La ve morderlo sin dudar.
El centinela se queda inmóvil. Luego inclina la cabeza, apenas un gesto, pero suficiente. Algo ha sido entendido.
Desde otros puntos del desfiladero surgen más figuras, bajando entre las rocas sobre cabras montesas, apareciendo donde antes no había nadie. No rodean al grupo. No atacan. Simplemente están ahí.
El centinela vuelve la cabeza lentamente. Mira a Pizz. Luego a Thorian. Sus ojos se detienen un instante más de la cuenta, como si tratara de encajar una imagen que no debería existir. Un goblin y un hombre del bosque juntos. La máscara se inclina levemente, desconcertada.
Después recorre al resto del grupo con la misma calma. Busca algo que no se ve a simple vista. Finalmente sus ojos se detienen en Elijah.
El jinete inclina la cabeza y le habla en una lengua áspera y seca, hecha de chasquidos y vocales tensas. No hay hostilidad en el tono, pero sí una firmeza incuestionable.
No pregunta si el líder es Elijah. Le habla como si ya hubiera decidido que lo es.
“Kra-thuun. Vel asha, vel asha.” Golpea el cuerno contra la roca y señala a María con dos dedos, luego al pecho de Elijah. “Zhorin-na… mael. Keth mael.”
Un murmullo recorre a los otros jinetes. Dos de ellos empujan a alguien desde atrás, entre risas graves y codazos rudos pero sin malicia.
El joven avanza a trompicones hasta quedar frente a María.
Es esbelto, de movimientos ágiles. Viste ropas coloridas que no cubren todo su cuerpo, dejando ver pinturas rituales trazadas en espirales y líneas rectas sobre la piel. Su máscara es simple, casi infantil en comparación con las otras: madera clara, ojos grandes, sin adornos. Se planta frente a ella y se queda quieto, orgulloso y nervioso a la vez.
El centinela continúa, señalando al joven y luego a María, alternando el gesto con la palma abierta y el puño cerrado.
“Sha-ra. Uru sha-ra.”
Hace un gesto de juntar dos manos y luego las separa lentamente.
“No kesh. No kesh.”
El joven asiente con demasiada energía, da un paso adelante… y se detiene, obediente a una mirada seca del anciano. Sonríe tímido bajo la máscara. Espera.
