Todos
Morvan escucha a Rachel sin interrumpirla, con las manos cruzadas a la espalda, como quien recibe un informe más que una pregunta. Solo cuando ella termina —cuando menciona el suicidio, los planes, las rutas, las salidas— asiente lentamente.
"Aprecio vuestro escepticismo", dice—. "Es una cualidad rara… y muy saludable."
Da unos pasos hacia una de las paredes, pensativo.
"De aquí a Brumaverde, a caballo, son dos jornadas largas si no hay persecución. Una si se fuerza a las monturas y se ignora el cansancio. Pero con Eldric detrás, la suerte será un factor importante.
Se vuelve hacia ella.
"En cuanto a las ruinas… no hay pasadizos. Los hubo. Muchos". Hace un gesto vago. "La casa ardió hace veinte años. Lo que no quemó el fuego lo devoró el tiempo. Ahora solo quedan muros rotos, sótanos colapsados, piedra y carbón. No hay túneles secretos ni salidas nobles."
Inclina levemente la cabeza.
Entonces Ronan habla.
Morvan lo observa con atención cuando menciona a los huargos. Y por primera vez, algo cercano a la nostalgia asoma en su expresión.
"Los criábamos", responde. "Durante generaciones."
Se acerca a King y le pasa la mano por el cuello con naturalidad. El huargo emite un sonido grave, complacido.
"Solía decirse que mi familia tenía sangre de huargo en las venas", añade con una media sonrisa. "Lo cual es una estupidez… aunque una estupidez poética. Ya no queda ninguno domesticado. Quizá alguno salvaje en los bosques. Pero cuando cayó mi casa… también cayó ese linaje."
Se endereza y vuelve a mirar a Rachel y Ronan.
"En cuanto a mí: puedo defenderme en cuerpo a cuerpo. Pero no es donde rindo mejor servicio. Prefiero la distancia. La magia. El control del terreno."
Saca entonces un mapa dibujado a carboncillo y lo extiende sobre la mesa. Las ruinas de la vieja mansión, los riscos, los accesos, los desniveles.
"Esto es lo que queda."

Señala varios puntos, sin imponer nada.
"Pero no os diré cómo debéis luchar. Vosotros conocéis mejor que nadie a vuestro grupo: quién resiste, quién flanquea, quién cae rápido, quién debe proteger a quién."
Alza la vista.
"Yo pondré mi poder y mi conocimiento del lugar. La estrategia… debe ser vuestra."
Y por primera vez, no habla como un manipulador, sino como un aliado que acepta no ser el centro del tablero.