Zsadist
Antes de pasar por la grieta, Zsadist se agachó a recoger la Glock caída y los filos gemelos que aún brillaban en la oscuridad. Los guardó con un gesto automático.
Al cruzar el portal, sus ojos se fijaron en Wrath. Lo vio detenerse un instante, la duda pesándole en los hombros como una sombra. Zsadist mascó aire, con la mandíbula apretada. Conocía demasiado bien los juegos de los Sympath. La manera en que se metían en tu cabeza, en que te robaban la voluntad hasta hacerte bailar como una marioneta rota.
Por un segundo la rodilla le flaqueó, un latigazo de debilidad que lo hizo gruñir. El recuerdo de Catronia se le clavó en la nuca: sus susurros, sus burlas, la jaula, Katie. El estómago se le llenó de bilis.
Se enderezó con un temblor en los dedos, la mirada clavada en sus hermanos.
“Si esa perra está jugando con nosotros…”pensó, la rabia hirviéndole por dentro. “…que rece lo que sepa, porque esta vez no pienso quedarme encadenado.”