Permítanme, por favor, mis queridos imbéciles (en honor a @jpd) que les hable con una claridad que, a diferencia de otros, no presupone que ustedes son una panda de ignorantes incapaces de pensar más allá de un tuit. No, yo parto del radical supuesto de que el lector tiene cerebro. Audaz, lo sé.
Porque mientras algunos profetas del fin del mundo se atrincheran tras su apocalipsis entomológico, predicando que el mundo acabará no con un estallido, sino con un crujido de mandíbulas coleópteras sobre una patata cocida, otros —más serenos y quizás con menos trauma agrícola— decidimos mirar hacia otro lado: hacia el amanecer.
Sí, el foro no está muriendo. Está despertando. Lo que ocurre es que para ciertos sacerdotes del desastre, cualquier cosa que no sea una distopía con escarabajos con ansias de dominación mundial les resulta insoportable. Tal vez porque un mundo que avanza no les deja sitio para sus monólogos teatrales.
Dicen por ahí que el Leptinotarsa decemlineata —nombre científico que, por supuesto, hay que usar para sonar más grave— es la antesala del colapso. Y uno no puede evitar preguntarse: ¿de verdad? ¿El mundo va a caer porque un bicho se come una patata? Pues vaya distopía de saldo. Ni Orwell se atrevió a tanto.
Claro, según este relato, la humanidad está condenada porque depende de "unas pocas plantas". Qué sorpresa. Como si no hubiéramos sobrevivido a siglos de sequías, pestes, guerras y modas alimenticias sin perder del todo la cabeza. Bueno, casi.
Lo que no se menciona, por supuesto, es que mientras unos escriben elegías agrarias y se masturban con la idea del colapso, otros —científicos, agricultores, tecnólogos, esa gente sin tiempo para melodramas— están haciendo cosas. Investigando soluciones. Innovando. Ah, pero eso no da tanto placer literario como imaginar al escarabajo como un pequeño Atila rayado.
Y lo más glorioso: se nos dice que el verdadero Apocalipsis no vendrá del cielo, sino del subsuelo de un campo de patatas. Bravo. Por fin el agro-drama ha alcanzado su punto culminante. El problema no es que se exagere, es que ya no se sabe si estamos leyendo un tratado sobre plagas o el guión de una película de terror con presupuesto estatal.
Pero dejemos atrás el ocaso, el llanto y el coleóptero vengativo. El foro, ese espacio donde se discute, se debate, se ríe, se aprende y sí, también se exagera, está más vivo que nunca. Porque mientras unos predican el final con voz temblorosa y olor a tierra húmeda, otros construyen futuros.
Así que adelante, queridos foristas. Hablen, compartan, discutan. Sí, incluso sobre patatas. Que el escarabajo ruja, si quiere. Nosotros responderemos con una sonrisa, un gif irónico y un hilo bien argumentado.
Porque este no es el final.
Es el amanecer del foro. Y trae café, no cucarachas.