Milly no logra averiguar mucho más de lo que ya sabía sobre Rawlinswood y Cuna de Luz. Cree saber que, milenios atrás, aquel territorio formó parte de uno de los reinos élficos más grandiosos de la historia; que el reino cayó en desgracia, se fragmentó y, tras su derrumbe, la región se volvió áspera e inhóspita. En los siglos posteriores se asentaron algunas comunidades humanas, muchas de ellas próximas a los cultos de Selûne.
Pero eso pertenece al pasado. De lo que hay allí hoy, Milly no sabe nada con certeza: ignora qué queda en pie, quién domina realmente esas tierras o qué habita ahora los bosques y las ruinas.
También ha escuchado hablar del llamado Rey Espino, un monarca goblin envuelto en leyenda. Su nombre aparece en relatos separados por siglos, lo que hace difícil creer que se trate del mismo individuo; quizá sea un título, una dignidad heredada… o algo más antiguo que un simple cargo.
Recuerda vagamente las Montañas de la Aguja Gigante, descritas como majestuosas y poco exploradas. Según el mapa, se alzan a dos o tres días de Cuna de Luz. Entre sus cumbres destaca el Cuerno del Abismo, uno de los picos más imponentes y origen de numerosas leyendas: una montaña helada, coronada por una cascada congelada que parece tallada en cristal. Pero, una vez más, todo lo que sabe son ecos antiguos; el presente permanece incierto.
Sabe que Torm fue un paladín que vivió hace siglos y que, según las crónicas, murió defendiendo una villa del ataque de unos gigantes. Sin embargo, desconoce dónde ocurrió aquello y ni siquiera puede asegurar que el relato sea verídico o solo otra leyenda nacida al calor del miedo.
Recuerda también historias sobre mujeres errantes de belleza extrema, pero de aspecto febril, casi irreal, como si no pertenecieran del todo a este mundo. Se decía que iban acompañadas —o protegidas— por criaturas terribles conocidas como Falotícaros: seres monstruosos cuya sola mención provoca pesadillas y fiebres en muchas culturas del norte.
Luego estaban los fomorianos. Desde que oyó hablar de ellos, Milly ha prestado atención a comentarios sueltos, menciones marginales en libros y notas a pie de página que otros pasarían por alto. La historia —si puede llamarse así— habla de una antigua raza feérica que habitó el mundo antes del nacimiento de los hombres, seres afines también a Selûne, vinculados a la luz y a los ciclos nocturnos.
Según esas fuentes fragmentarias, fueron derrotados, masacrados y finalmente extinguidos por los fomorianos: una creación atribuida a Shar, concebida como una burla grotesca de aquellos seres de luz, un reverso oscuro, retorcido y ennegrecido de lo que habían sido. Donde unos eran armonía, los otros eran deformidad; donde unos irradiaban belleza, los otros imponían terror.
No hay consenso académico, ni pruebas firmes, pero muchos de esos textos —siempre ambiguos, siempre incompletos— vinculan su caída con esta región del mundo. Y si algo inquieta a Milly no es lo que cuentan las leyendas, sino lo que insinúan entre líneas.