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El Huargo Feliz sale de la posada y tras seguir las indicaciones de un par de viandantes, toma rumbo hacia el barrio alto de Heliogábalo, donde la ciudad se engalana con jardines, piedra limpia y criados que miran de soslayo.
La hacienda de los Glenfarclas se alza en una zona elevada, apartada del trasiego comercial. No tiene el aire mundano de la lonja de los Gould ni la severidad institucional de la Casa del Tesoro: es una residencia noble antigua, de muros claros, cipreses, verja de hierro y escudo familiar sobre la entrada.
Los Glenfarclas son una familia vieja de Heliogábalo: tierras, nombre, contactos y un mago propio. Gente que no necesita parecer rica a gritos porque lleva generaciones ejerciendo su poder.
En la puerta dos guardias con lanzas les miran con interés.
"¿Quiénes sois y qué queréis?"