Morvan
El señor Glenfarclas no reacciona de inmediato, pero el mago sí. Merlwyn Ashford se inclina hacia él y le susurra unas palabras al oído. Luego se endereza y toma la palabra con voz suave.
"El Gremio de Asesinos de Galena… Una organización peligrosa. Y, en estos momentos, bastante próxima a vuestros enemigos. ¿No os parece posible que vos mismo seáis uno de sus objetivos, señor Barcelo?"
Entonces el noble levanta una mano, cortando con elegancia.
"Mire, yo soy más directo que mi buen Merlwyn", dice lord Alasdair Glenfarclas. "Mi padre me enseñó que una línea recta es el camino más rápido. Mi mago y consejero no siempre está de acuerdo, pero a día de hoy en esta casa sigo mandando yo."
Ashford inclina la cabeza, con resignación.
"Por desgracia, es cierto."
Glenfarclas continúa, mirando ahora a Manrique.
"Reconozco la armadura de vuestro acompañante", dice, mirando a Manrique. "Sé de dónde venís y entiendo por dónde podría ir esta compañía. No me opongo a lo que quizá pretendéis. No, si no pasáis de ciertos límites. Lo que no sé es cómo pensáis hacerlo."
En ese momento entra un sirviente con una bandeja de vino. Deja las copas sobre una mesilla frente a Morvan, Manrique y Elian.
Ashford carraspea.
El criado, obedeciendo a una costumbre ya conocida, se sirve primero una copa y bebe ante ellos. Solo entonces se retira.
"Podéis beber si lo deseáis", dice Glenfarclas. "Es un caldo que me hago traer especialmente del sur. Como veis, no pretendo envenenaros ni nada parecido. Habéis tenido suerte de que os atienda yo y no mi mujer."
Sonríe, satisfecho de su propia broma.
Ashford cierra los ojos un instante, como quien ha escuchado esa frase demasiadas veces.
Glenfarclas se inclina un poco hacia delante.
"Pero a lo que íbamos, señor Barcelo. ¿Qué queréis de mí exactamente?"