Todos
Glenfarclas se levanta por primera vez durante toda la reunión. Ashford lo hace con él.
Al incorporarse, los tres comprenden algo que sentados pasaba desapercibido: ambos hombres son extraordinariamente altos. Un palmo por encima de la mayoría de hombres de Damara, casi de la altura del guerrero de ébano que encontraron en la antigua hacienda Barcelo. No tienen el físico de soldados, pero sí esa presencia de quienes llenan una habitación solo con ponerse de pie.
"Os deseo suerte", dice lord Alasdair Glenfarclas.
Luego mira un instante hacia Ashford antes de continuar:
"Me enteraré de dónde os hospedáis y mandaré a Livia Cassia a compartir algún rumor si llega algo interesante a mis oídos."
La forma en que lo dice deja claro que “compartir rumores” probablemente incluya escuchar unos cuantos primero.
Hace un leve gesto hacia un criado.
"Acompañadles a la puerta."
Morvan, Manrique y Elian se despiden con las formalidades adecuadas y abandonan la sala.
Fuera, en los jardines, el ambiente es mucho más relajado. Sierra sigue con un vaso de sidra caliente en la mano; Fenrir conversa tranquilamente con ella; Hano conversa con un guardia; incluso Anya parece tolerar la existencia del lugar sin necesidad inmediata de prenderle fuego.
Minion, por su parte, habla en voz baja con Antonio mientras mira hacia una muchacha rubia de pelo trenzado que desaparece hacia la casa con una bandeja vacía.
2Debería haberle preguntado el nombre... ", murmura con genuino pesar.
Antonio le da una palmada en el hombro.
"Minion, llevas media hora hablando de ella y ni siquiera sabes si estaba coqueteando o si simplemente se aburría."
Minion se queda pensando unos segundos.
"Antonio… creo que eso la hace todavía más perfecta."