Hano y Elian
Hano y Elian ponen rumbo a La Ramera Feliz, cruzando las calles frías de Heliogábalo mientras la ciudad se apaga.
A pocas calles de la posada, al pasar junto a un callejón estrecho, Hano se detiene.
Dentro, tres maleantes tienen acorralado a un hombre vestido con más cuidado del aconsejable para caminar solo a esas horas. Capa buena, botas limpias, guantes de piel fina. No parece un guerrero ni un borracho despistado, sino alguien que se ha equivocado de calle creyendo que la ciudad todavía respetaba ciertas formas.
Uno de los rufianes le aprieta una daga contra el costado.
"La bolsa", murmura. "Despacio."
El hombre intenta mantener la compostura, pero tiene la cara blanca.
"No llevo casi nada encima."
El segundo maleante le golpea en el estómago. El hombre se dobla, ahogando un gemido.
"Pues mala noche has elegido para parecer que sí."
El tercero le registra la capa con manos rápidas. Saca una bolsa pequeña, la sopesa, chasquea la lengua y sigue buscando.
"Mira bien", dice el de la daga. "Los tipos como este siempre llevan algo cosido donde no se ve."
El hombre levanta la vista, no hacia Hano ni hacia Elian, sino hacia el fondo del callejón.