Hano y Elian
El tipo tarda un momento en incorporarse. Lo hace con cierta torpeza, apoyándose en el bastón, como si el susto le hubiera quitado de golpe diez años… o como si, al verlo de cerca, esos diez años hubieran estado allí desde el principio.
A la luz pobre del callejón, Hano y Elian advierten que no es tan joven como parecía. El porte, la capa y los guantes engañaban. Bajo el polvo y la dignidad maltrecha hay un hombre de mediana edad, de rostro fino y cansado, con arrugas profundas junto a los ojos y una barba gris cuidadosamente recortada. Sus ropas son de buena calidad, sí, pero viejas: terciopelo gastado en los puños, bordados deslucidos, costuras reparadas con demasiada discreción. No viste como un rico satisfecho con la vida, sino como alguien que fue importante y aún no ha aprendido del todo a que ahora es otra cosa.
Se sacude el polvo del traje con manos temblorosas.
"Ah… gracias, caballeros", dice, intentando recomponer una sonrisa. "Me han salvado la vida. O, como mínimo, me han ahorrado una conversación muy desagradable con tres caballeros de modales discutibles."
Su voz tiene un tono amable, casi divertido, pero los ojos se le van un instante hacia el callejón por donde han huido los maleantes. Hay miedo ahí. También cálculo.
Luego vuelve a mirar a Hano y a Elian.
"Me alojo cerca. En La Ramera Feliz, aunque les ruego que no juzguen mi carácter por la elección del establecimiento. A ciertas edades uno aprende que las posadas respetables son caras, aburridas y suelen tener peor vino."
Apoya ambas manos sobre el pomo del bastón.
"¿Sería abusar de su generosidad pedirles que me acompañaran hasta la puerta? Después de esto, confieso que mi entusiasmo por caminar solo ha disminuido de forma considerable."
Antes de que puedan responder, gira discretamente el pomo del bastón. Se oye un pequeño clic metálico. Del interior hueco extrae dos monedas de oro, que brillan un instante entre sus dedos finos.
"Por las molestias", añade, ofreciéndoselas con una inclinación cortés. "No es un pago por mi vida, desde luego. Mi vida vale bastante menos y bastante más, según a quién pregunten. Digamos que es una muestra de gratitud…"