Manrique y Anya
De pronto, desde un portal a la izquierda, Antonio sale de la sombra.
Casi al mismo tiempo, otro portal se entreabre al otro lado y aparece Minion, con media cara iluminada por el farol torcido.
"Buh."
Anya ni parpadea. Manrique sí alcanza a girar la cabeza, aunque no parece sorprendido.
Minion se rasca la nuca, satisfecho de su propia entrada.
"Os estábamos vigilando la espalda, capitán. Aunque teníamos dudas de si era una cita o trabajo."
Antonio cierra los ojos un instante y niega despacio con la cabeza, como quien acepta que el mundo ha decidido colocarle al lado de un idiota profesional.
Anya mira a Minion. Luego a Manrique. Luego otra vez a Minion.
Levanta una ceja.
"¿Citas?"
Lo dice como si le hubieran nombrado una enfermedad infecciosa.
"Los Kharuun no pierden una noche entera comiendo, hablando y fingiendo interés antes de saber si el coito va a merecer la pena. Primero se comprueba si los dioses sonríen en la cama. Si sonríen, entonces se bebe, se habla de caballos y quizá se aprende el nombre."
Hace una pausa mínima.
"Lo otro es apostar muchas horas a un caballo que quizá ni sabe galopar."
Minion se queda con la boca abierta, como si acabaran de explicarle una filosofía superior. Antonio le da un empujón leve para que cierre el paso. Y los cuatro empiezan a caminar calle arriba, dejando atrás la pobre noche de los bajos fondos, rumbo a La Ramera Feliz.