Sierra
La mujer deja a la moza sirviendo vino y guiso al grupo y hace a Sierra un gesto con la cabeza.
"Ven conmigo, hija."
Es de mediana edad, aunque todavía conserva una belleza interesante, de esas que no dependen ya de la juventud sino de su calidez. Tiene los ojos vivos, las caderas anchas y una forma de observar el mundo que le dan un cierto halo de sabiduría.
Suben por una escalera estrecha, lejos del ruido común de La Ramera Feliz. Arriba, la mujer abre una habitación pequeña pero limpia, con un biombo, un arcón viejo y una lámpara de aceite sobre la mesa.
Cuando cierra la puerta, su voz cambia. Ya no habla como posadera, sino casi como madre.
"Mira, muchacha. Aquí nadie tiene que avergonzarse por querer ganarse la vida con su cuerpo, si lo hace porque quiere, porque lo entiende y porque sabe poner precio y límites. No es oficio para ingenuas, eso también te lo digo. Hay hombres buenos, hombres tristes, hombres solos y hombres que no deberían tocar ni un vaso sin supervisión."
Se acerca al arcón y lo abre.
"Yo fui mujer de trato en mis años. No me salvó la vida, pero tampoco me la arruinó. Me dio techo, comida, algunas monedas y una educación rápida sobre cómo son los hombres cuando creen que nadie importante los mira."
La mira de reojo, con media sonrisa.
"Pero esto solo vale si mandas tú. Si eliges tú. Si puedes decir que no y hay alguien abajo dispuesto a romper una silla en la cabeza del que no lo entienda. Sin eso, no es oficio. Es abuso."
Saca entonces tres vestidos y los coloca sobre la cama.
El primero es elegante: oscuro, de buen corte, con mangas largas y escote discreto. No grita deseo; lo sugiere con educación. Es vestido para parecer dama venida a menos, viuda interesante o mujer que sabe más de lo que dice.
El segundo es más sencillo, pero favorecedor. Tela verde apagada, cintura marcada, hombros descubiertos lo justo. Tiene encanto: cercano, amable, fácil de llevar sin parecer un disfraz.
El tercero no intenta engañar a nadie.
Rojo profundo, tela ligera, escote generoso y abertura en la pierna. Es un vestido pensado para entrar en una sala y hacer que media sala olvide la frase que estaba diciendo.
La mujer se cruza de brazos, satisfecha. Luego mira a Sierra de arriba abajo, con ojo práctico.
"Tú decides qué clase de problema quieres ser esta noche."