21 de Octubre, Heliogábalo
Hano y Sierra
Poco después del amanecer, Hano y Sierra regresan al campamento del Circo Soravio.
La explanada ya no tiene el caos de la noche anterior. Las lonas están tensas, los mástiles firmes, los carromatos colocados en orden y la gran carpa se alza en el centro como si siempre hubiera pertenecido a aquel lugar.
Preguntan a un hombre que mueve cajas junto a uno de los carros. El tipo apenas levanta la vista, sudando ya a esas horas.
"Si queréis algo, entrad en esa carpa", dice, señalando con la barbilla. "Y preguntad por Il Sorriso Triste".
Luego carga otra caja y añade, sin mirarlos:
"Si os dice que no, es que no. Si sonríe, corred."
Elian y Morvan
Elian y Morvan toman el camino de la biblioteca poco después del amanecer.
En Heliogábalo la llaman el Archivo Regio de San Severiano, aunque todo el mundo sabe que no guarda solo libros: allí duermen censos, crónicas, mapas, registros de impuestos, cartas selladas...
Cuando llegan, las puertas todavía están cerradas.
El edificio se alza sobrio y oscuro, con columnas viejas, gárgolas gastadas por la nieve y una escalinata ancha donde el frío se agarra a la piedra.
No están solos.
Una muchacha espera junto a la puerta, nerviosa, apretando un fajo de papeles contra el pecho. Lleva una capa sencilla, el pelo mal recogido y los ojos de quien ha dormido poco o nada. Cada pocos segundos mira hacia la calle, luego hacia la puerta cerrada, luego otra vez hacia la calle.
Al ver acercarse a Elian y Morvan, se sobresalta. Durante un instante parece a punto de marcharse. Pero no lo hace. Solo aprieta más los papeles y baja la mirada, como si esperara que ninguno de los dos preguntase nada.