Fenrir
No conoce el olor del niño al que ni siquiera se había acercado, pero sí nota un fuerte olor de hierba de Secomber. En cantidades industriales.
Elian
"Tienen hasta un mago", protesta el ancho, al ver a Elian aparecer en el callejón.
El de la cicatriz lo mira de reojo, irritado.
"¿Y qué quieres que haga?"
Durante un momento, ninguno de los dos se mueve. Ya no tienen la misma seguridad de antes. Sierra no está sola, Hano lleva las hachas a la vista, y ahora, además, hay un hombre con pinta de no necesitar acero para matar a nadie.
El de la cicatriz escupe al suelo y vuelve a mirar al grupo, intentando conservar algo de autoridad.
"A ver. ¿Qué queréis?"
No lo dice con cortesía, sino con fastidio y cautela. Como un perro que enseña los dientes mientras retrocede un paso.
"Y os aviso", añade: "no vamos a ratear a nadie por las cuatro monedas que podáis darnos. Vivimos en este tugurio."
Señala alrededor con un gesto seco: los muros húmedos, las ventanas cerradas, las sombras llenas de ojos.
"Vosotros venís, preguntáis y os largáis. Nosotros nos quedamos. Así que más vale que tengáis una razón muy buena para andar metiendo la nariz por aquí."