Morvan y Sierra
Sebastián guarda silencio unos segundos, como si estuviera esperando que alguno de los dos añadiera algo más.
Al ver que no lo hacen, ladea la cabeza.
"La calle está llena de putas", dice al fin, sin especial crueldad, como quien habla del tiempo. "Algunas venden el cuerpo, otras venden secretos, otras venden a sus amigos antes de que alguien las venda a ellas. La diferencia casi siempre está en el precio, no en la virtud."
Da un paso lento frente a ellos.
"Nadie se toma tantas molestias por una mujer caída en desgracia sin una buena historia detrás."
Entonces los mira fijamente, primero a Sierra, luego a Morvan.
"Así que decidme… ¿eso es todo?"
Su voz sigue siendo amable, pero ha perdido cualquier rastro de broma.
"¿No hay ninguna gran épica escondida debajo? ¿Ninguna deuda de sangre, ningún juramento idiota, ningún destino escrito por un dios borracho?"