La plaza del Palomar
Turno 8
Los arqueros de la calle siguen avanzando entre los callejones, intentando ganar terreno y encontrar un nuevo ángulo de tiro.
Correr del arquero 1: 3, 4
Correr del arquero 2: 2, 1
Correr del arquero 3: 4, 2
Correr del arquero 4: 4, 5
Se mueven a distinto ritmo, pero ninguno abandona la persecución.
El capitán de la guardia también corre, gritando órdenes desde abajo mientras trata de mantener el cerco.
El mago se lanza tras ellos con una velocidad inesperada.
Avanza a grandes zancadas, decidido a recuperar cuanto antes una posición desde la que volver a atacar.
En los tejados, uno de los lanceros alcanza el borde y salta.
Correr: 3, 4
Agilidad: 1, 5. Éxito.
Cae al otro lado con torpeza, pero logra mantenerse en pie.
Otro le sigue.
Correr: 4, 5
Agilidad: 4, 4. Éxito.
Cruza el hueco con más limpieza y continúa avanzando en cuanto toca las tejas.
Un tercero hace lo propio.
Correr: 4, 3
Agilidad: 3, 5. Éxito.
Y el último lancero se une también a la persecución.
Correr: 3, 4
Agilidad: 1, 6. Éxito.
Uno tras otro, los soldados van salvando el vacío. El tejado que hace unos instantes separaba a la compañía de sus perseguidores deja de ser una barrera.
El arquero alquimista apunta a Manrique casi a bocajarro. Levanta el arco y dispara sin apenas darle tiempo a reaccionar.
Puntería: 6, 6. Éxito crítico.
Daño: 3, 4, 2, 3. Incólume.
La flecha golpea de lleno en la coraza del capitán. El metal se abolla con un estruendo seco y Manrique parece que va a retroceder un paso, pero la punta no logra atravesarlo.
El clérigo también consigue cruzar.
Aterriza al otro lado, recupera el equilibrio y continúa tras sus hombres.
Frente a Antonio, el lancero tuerce el gesto.
No responde a la provocación. Se limita a bajar la punta del arma y abalanzarse sobre él.
Ataque: 5, 4. Éxito.
Daño: 1, 4, 3, 5 → 2 puntos de daño. Muerto.
La lanza atraviesa a Antonio de parte a parte.
El joven soldado se queda rígido, con la boca abierta y el aire escapándosele de los pulmones. Pero no cae. Agarra el asta con ambas manos y, en lugar de apartarse, tira de ella, hundiéndosela todavía más para acercarse al hombre que lo ha matado.
El lancero palidece al verlo venir.
Antonio queda a un palmo de su rostro.
"Vais a perder esta guerra…", susurra.
Entonces las fuerzas lo abandonan.
El lancero arranca el arma de un tirón y Antonio se desploma sobre las tejas como un saco roto. La sangre corre por la pendiente del tejado mientras sus perseguidores pasan junto a él sin detenerse.
Cercado por varios lanceros, Manrique sabe que está prácticamente perdido.
"Ríndete ahora o muere, rebelde", dice el que empaló a Antonio.
