Está a punto de girarse cuando Sierra se acerca lentamente a las rejas. Se apoya contra ellas con deliberada lentitud, dejando que la tela raída de su vestido se deslice por su hombro y deje a la vista la curva suave de su pecho.
El guardia se queda congelado.
"Mira, Arturo… tenemos una gata en celo aquí dentro."
El otro guardia asoma la cabeza por la puerta, interesado.
"Se sentirá sola."
"No me extraña. Esta cárcel podría ser mejor. El señor no puso demasiado esmero en ella."
Arturo contempla las paredes húmedas, la paja podrida y el cadáver tendido al fondo.
"Bueno, quizá sí. Si lo que buscaba era una mazmorra terrible."
El primero se queda pensativo.
"Eso es verdad.
Sierra pasa los dedos lentamente por los barrotes, acariciándolos como si fueran otra cosa, sin apartar la mirada del guardia.
Olga, captando la señal, se acerca también y se coloca de forma que sus caderas queden bien marcadas contra la tela fina.
"No tenéis por qué quedaros ahí fuera mirando como perros en celo", ronronea. "Dentro hay sitio de sobra… "
Los guardias se miran.
"¿A la vieja también?", pregunta Arturo, sorprendido.
Olga se lleva una mano al pecho, fingiendo ofensa.
"Señor, no soy tan vieja."
"Podrías ser mi madre", apunta Arturo.
"Entonces deberías mostrarme un poco más de respeto."
El otro guardia suelta una carcajada.
"Yo a tu madre le mostraría de todo menos respeto, Arturo."
Arturo se vuelve hacia él.
"Vuelve a hablar de mi madre y te parto la boca."
"Pero si siempre dices que de joven era muy guapa."
"He dicho que te calles. Como vuelvas a mencionar a mi madre te meto la porra por el culo", gruñe Arturo.
Sierra extiende la mano entre los barrotes y acaricia con descaro los dedos del primer guardia, bajando después lentamente hacia su muñeca.
La llave entra por fin en la cerradura. Tras varios intentos torpes y algún chiste sobre “polvos que no entran a la primera”, la puerta se abre con un fuerte chasquido. Los dos guardias se ajustan los cinturones, miran a las dos mujeres con hambre y entran en la celda.
"Y no intentéis nada raro", advierte el otro guardia. "No vais a salir de aquí. Hay más hombres fuera, así que bajaos las bragas, guardaos las heroicidades y cerrad la boca."
"Eso", asiente Arturo.