Lo hicieron.
Un ejército de miles de soldados reclutados por todos los pueblos y aldeas gallegas bajó hasta tierras andaluzas. Al encontrarse con los generales andaluces, la conversación fue tal que así:
- Illo, venih a ayudah o k paza
- Ai carallo, depende
- Como k depende cabesa, k te hundo to er pexo
- Mijiño, puede que si y puede que no
Acto seguido los soldados andaluces se fueron a dormir la siesta. Al no llegar a un entendimiento, las tropas gallegas se volvieron a sus tierras.
Es bromuro, que nadie se me enfade