[desconocido] Agradezco vuestro repentino interés por corregir mi léxico cuando así lo consideráis, estimado don Sirión. Me consta que vos sois ducho también en las letras.
Muy cogido con pinzas. La palabra epíteto, que es diferente a la de adjetivo y por eso existe como tal y no decimos 'adjetivo', suele usarse, siempre, o al menos yo siempre la he visto usada así, en dos circunstancias.
La primera, cuando se quiere subrayar una característica connatural a aquello que está adjetivando. Esta forma se ve mucho en la lírica y también se da con frecuencia en el habla del día a día, cayendo en la redundancia. Ejemplos como, no sé, muerte definitiva, o los clásicos que aparecen por internet, como blanca nieve. La segunda, cuando se le quiere añadir un título distinguido a algo o a alguien. El César, El Grande, La de los fieros ojos, etcétera, etcétera.
En el entorno académico, la práctica totalidad por no decir la totalidad de distinciones y descripciones que se van a hacer del epíteto caen en la del primer ejemplo. La tercera acepción del diccionario, que no deja de ser una descripción lo más sucinta posible de todos los posibles usos, mayores y menos, que una palabra pueda tener, no refleja en absoluto la realidad de su uso ni mucho menos que dicho uso sea correcto. No lo vas a ver así ejemplificado en ningún lado y sí de la forma en que yo digo.
El epíteto (del griego ἐπίθετον epítheton, neutro de θετος epíthetos, ‘agregado’) es el recurso estilístico de la retórica y de la lengua en general que consiste en una fórmula léxica (en la poesía épica antigua: "Aquiles, el de los pies ligeros"; "Castilla, la gentil"; "Mio Cid, el que en buen hora nació", "el Cid Campeador") o casi siempre un adjetivo también llamado adjetivo explicativo, que resalta una cualquiera de las más representativas características, propiedades o cualidades propias ingénitas, implícitas, intrínsecas y constantes del significado del sustantivo al que califican o cualifican (el frío en "la fría nieve", el calor en el "cálido fuego", la humedad en "el agua húmeda", etc.), resultando por tanto en cierto modo redundantes o pleonásticas, pero intensificando o subrayando con su eco o resonancia el sentido del vocablo.