Cuando estaba trabajando en Jaén en la obra, como estaba de peón, el de seguridad nos cogió a mí y a un par más y nos puso en un punto de la carretera con los walkis de paletas. A mí me tocó al lado de una rotonda. Todo esto como es lógico fuera de ciudad en vía rural. Coincidió que hace 2 ó 3 años, cuando ocurrió esto, había huelga de tractores por el tema del aceite y ése fue justo el motivo por el que me pusieron a mí y a estos otros desgraciados ahí. ¿Qué pasa? Que por mucha huelga que tuvieran, los camiones no iban a parar. Una obra cuesta millones al día, y yo no sé si tenían autorización o no, pero lo que sí sé es que los camiones seguían cargando y descargando y yo tenía que seguir cortando el tráfico porque es lo que me habían pedido.
Bueno, la cuestión es que al principio bien, porque no pasaba ni Dios, y después empezaron a llegar todos los tractoristas. Uno detrás de otro, algunos con sus hijos subidos a la cabina y tal. Os podéis imaginar el percal cuando iban pasando y al verme a mí con el peto reflectante puesto, el walki y la paleta, empezaban a insultarme casi sin falta uno detrás de otro. Que si hijo de puta (sobre todo hijo de puta), que qué hacía trabajando, que "llama a tu jefe que voy a hablar yo con él", esquirol, más hijos de puta, desgraciado, etcétera, etcétera. Porque como todo el mundo sabe, cuando un sector se pone en huelga toda España debe de ponerse en huelga también; y si tú estás de huelga por el aceite, yo le tengo que decir a mi jefe que mañana no voy a trabajar. Al día siguiente estoy en la calle, pero no pasa nada, todo sea por tu causa.
Así pasaron las horas, entre camiones pitándome, gente valiente llamándome de todo desde la cabina, alguno amenazándome de que o me iba o se bajaba y me partía la cara, algunos, muy pocos, que entendían la situación y pasaban sin decirme nada y un señor, sólo un señor, que iba con su hijo adolescente y que me miró y me dijo "lo siento", como si tuviera alguna culpa de la actitud del resto. En algún momento pasó por allí la policía, se bajó un agente y me preguntó si todo estaba bien. Le dije riéndome que sí, que aparte de los insultos y alguna amenaza que caía en saco roto nada, me dijo que si pasaba algo que no dudara en llamarlos y se volvieron a largar.
Yo no les podía contestar. O no debía, más bien. A los insultos hacía caso omiso y seguía moviendo la paleta y cortándoles el paso cuando debía. Acabó luego de 4 ó 5 horas. Hace poco iba con unas personas en un coche -para no dar detalles- y cuando cuando entrábamos en mi ciudad había dos policías con el coche cruzado en una calle prohibiendo el paso porque había una procesión más adelante. La gente tenía que darse toda la vuelta, y nosotros también, no quedaba más remedio, y entrar por la otra entrada que quedaba a tomar por culo. Obvio los que iban en el coche se cabrearon, sobre todo el conductor, y la caravana iba más lenta de la cuenta porque cada vez que alguien tenía que darse la vuelta en la rotonda, aprovechaba para bajar la ventana y quejarse a los agentes.
Mucha gente no entiende que al que le toca hacer eso es un mandado y es un putísimo marrón. Y me toca mucho los cojones la gente que en vez de joderse y darse la vuelta, aprovecha para bajar la ventanilla y poner a parir a la persona que te está cortando el paso o, si es la policía, amablemente mostrar su disconformidad. No se enteran de que no va a cambiar nada, que a esa gente le gusta menos que a ti tener que estar ahí, que no están por voluntad propia y que les vas a joder el día porque después de ti van a venir todos los que te siguen, que al final del día serán miles, a quejare de lo puto mismo y el que está ahí sólo te va a poder dar largas, porque igualmente no te puede dejar pasar, así que no va a cambiar nada, todos vais a perder más tiempo y vas a amargar a quien no tiene culpa.