Por un lado está bien que se fomente el que el teléfono sea fácil de reparar y como habéis dicho, la batería es lo que más rápido se deteriora. A priori es algo que beneficia al consumidor.
El problema es que las baterías son como son por varios motivos, uno el económico, así ganan más dinero al sustituirlas. Otros son los motivos técnicos, así los móviles son más resistentes, más delgados y son resistentes al agua y al polvo al ir sellados.
Es más que posible que esta norma afecte a las características técnicas de los teléfonos, ya sea con diseños más gruesos, o iguales pero con menor duración de la batería, o sin resistencia al agua. Todo dependerá de la definición de "extraible". Si basta con que se pueda desmontar el teléfono con tornillos o rompiendo el sellado, o tiene que ser fácilmente sustituirla como en los teléfonos pre-iPhone.
Es probable que nos encontremos con que se lancen versiones específicas para Europa, con sobreprecio o características limitadas, ya que el diseño sería propio para el mercado europeo y no se beneficiaría tanto de la producción en masa. Igual acabamos buscando importar la versión internacional como antaño.
Pero lo dicho, todo dependerá de la definición de "extraible" y "sustituible" que se haga en la normativa, y las consecuencias que tenga no seguirla.