Mi madre compró la casa del pueblo hace casi 30 años a precio de saldo, porque a la anterior dueña la habían matado dentro, de una pedrada en la cabeza. Aunque no es creyente ni supersticiosa, en su momento decidió llevar al cura del pueblo para que bendijera la casa, por si acaso.
Nunca tuvimos ni un problema y mi madre aún vive alli. Si ignoras a la señora de la cabeza ensangrentada que se pasea por la noche, se duerme genial.