18. **Horizon Forbidden West **
100% - 57 horas
Nos ponemos de nuevo a los mandos de Aloy en una nueva aventura en este mundo postapocalíptico
Y ya desde los primeros compases nos damos cuenta de que los aspectos más negativos y los puntos más débiles de su antecesor han sido mejorados de forma ostensible.
Esta aseveración toma significado en forma de unas misiones secundarias con muchísima más chispa una serie de actividades a lo largo del mundo abierto con mucha más chicha jugable.
Lo cual soluciona el que era el principal defecto del anterior. Un mundo abierto enorme y precioso, una historia principal destacable, y más allá la nada. Misiones de recadero absurdas, un mundo vacío y de cartón piedra...
Aquí se soluciona de manera dramática. Misiones mucho más trabajadas, actividades secundarias variadas, que van desde las mazmorras, Calderos, realmente destacables con combates emocionantes e incluso algún puzzle y algo de plataformeo, a actividades destinadas al simple farmeo de experiencia y materiales.
El gran problema del juego es que tal mejora en el sistema de misiones y actividades secundarias, no se ha visto secundado en el diseño del mundo abierto. Al menos en parte...
Y es que es un mundo precioso, que ahora podemos transitar de manera más fluida y natural al permitirnos escalar casi cualquier pared, y movernos tanto por aire como por agua. En ese sentido el avance es también notable
Pero el gran problema es que Guerrilla ha tomado la decisión de ponernos un mapa enorme, que da la sensación de haber sido generado proceduralmente en su mayor parte, y llenarlo de cientos de iconos, de interrogantes, que acaban siendo una y otra vez las mismas actividades.
Como si fuera un sandbox del año 2015. Literalmente da la sensación de que tenían X puntos de interés que poner en un mapa y dichos puntos han sido colocados de manera aleatoria por el mapa.
Esto ya hubiera cantado hace una década, pero a día de hoy es dantesco. Elimina toda sensación de aventura y descubrimiento. Y el loop jugable se basa en navegar por el mapa evitando la mayoría de estos puntos de interés, para evitar hacer la misma actividad por decimonovena vez.
Es una verdadera pena, porque el núcleo jugable del título es muy sólido, un combate más profundo y variado que en su antecesor, gracias a una mayor variedad de armas y sobre todo de máquinas enemigas, y moverse como Aloy es un verdadero placer, en especial cuando desbloqueas las suficientes habilidades, las monturas y las armas disponibles...
Pero hay que empezar a exigir mundos abiertos con un diseño más cuidado, que aliente a la exploración del jugador, por el puro placer de la misma y el descubrimiento de recompensas no conocidas de antemano.
Por acabar el apartado de aspectos negativos, es increíble el bajón que supone el guion del juego respecto al anterior. Si bien el trasfondo sigue siendo interesante, la narrativa que nos lo presenta, al igual que la dirección de los personajes es realmente deplorable, de un nivel que avergonzaría a un adolescente haciendo un fan fiction.
Ahora, el título no carece de bastantes virtudes. Al ya nombrado combate, centrado casi exclusivamente en las máquinas esta vez, sigue siendo realmente espectacular, tanto a los mandos como a la vista, sumamos las nuevas posibilidades jugables de Aloy, con mucha más libertad de movimiento esta vez, por aire, tierra y mar, consiguen un personaje que se mueve con una fluidez pasmosa a nuestras órdenes.
Más allá de eso, el nivel audiovisual del título es de quitarse el sombrero. No está en el top gráfico, pero no se queda muy lejos. Un mundo abierto enorme, precioso, y detallado al extremo. A la par de los personajes, en especial obviamente Aloy, con un modelado que estará entre lo mejor de la industria.
En definitiva, estamos ante un buen juego, con unos cuantos apartados que se instalan en la notabilidad, pero con otros que no pasan de la mediocridad.
Es una pena que Guerrilla siempre se quede a las puertas de entregar un verdadero, si no gran, si notable juego. Siempre dan dos pasos para adelante y uno para atrás.
Lo que les impide alcanzar, salvo en el apartado visual, las cotas de calidad necesarias para ser un estudio memorable.