Bailey
El cerebro de Bailey hace un reset cuando María menciona el origen de la plata con la que está hecho el cuenco. Allá en Innisport, habría tardado segundos en rehacerse. Aquí tarda quizá unos milisegundos. Da igual si no sabe de dónde es la plata mientras funcione, al fin y al cabo, y por lo que sabe así ha sido.
Además, hay algo más preocupante que eso, y es la clara falta de cariño entre María y Elijah. El intento de Rachel de mediar entre ellos no surte efecto, y no es algo que a Bailey la sorprenda. No porque Rachel sea incapaz de mediar o liderar, entre personas razonables eso se puede hacer perfectamente, y a falta de sentarse a rememorar y tomar notas, a la rubia no le parecía que la jefa estuviera haciéndolo mal. El problema era que Elijah no hacía el más mínimo esfuerzo por no parecer un capullo insensible y algo psicópata que estaba sacando número para que lo echaran del grupo por las malas.
Y de no ser porque Bailey tenía... instrucciones... ella quizá no sería la primera en darle la patada, pero seguramente sería la segunda o la tercera. Rachel tenía razón en que María no debería haber golpeado a Elijah, pero el fortachón más que un puñetazo se merecía una tunda por casi conseguir que los mataran a todos en el templo de Mask, y a la siguiente que la liara igual tenía al resto en su contra.
Hablando de lo cual... la forma en que Ronan guardaba silencio no acababa de gustarle a Bailey. Hasta ahora, la rubia se había mantenido alerta, observando el exterior, pero no puede evitar mirar de soslayo a Ronan por un momento, tratando de leer sus pensamientos. Esto obviamente le es imposible: la máscara le tapa el rostro, que además está medio quemado. Difícil interpretar nada ahí. De modo que Bailey toma aire y continúa vigilando el exterior.
Parecía que Rachel y ella eran las que intentaban tirar del grupo para adelante, mientras los demás iban cada uno a su bola. O al menos eso era la impresión que tenía en ese momento. Casi quiso decir algo, pero... no. No era el momento. Quizá nunca fuera el momento. Y eso sí que era preocupante, porque si las palabras no bastaban, era probable que hubiera que recurrir a los actos, y la actitud de Elijah y Ronan le sugerían a Bailey que un viaje en barco podía ser exactamente lo que hacía falta para llegar a ese punto.