Bailey fortifica su corazón y su mente tanto como puede, pero incluso así, las emociones se entremezclan... y quizá por eso logre mantener una postura y una expresión bastante neutrales. Parte de ello es fingir que no se entera de lo que dice el tal Job: se supone que son comerciantes de Durpar, al fin y al cabo, y Bailey al menos mantiene el disfraz por convenience, si no por otra cosa. Otra parte es que no sabe cómo sentirse. Una profunda desazón la invade, superando al enfado, la tristeza, la vergüenza y otras sensaciones igualmente desagradables.
Estaban llevando a un pobre desgraciado a su muerte.
Jamás en su vida se hubiera imaginado haciendo algo así.
La vergüenza empieza a sobreponerse al desánimo conforme suben a la nave y oye los comentarios de los marineros. el horror lo que el grupo está a punto de hacer aumenta cuanto más se acercan a ese oscuro camarote donde Milly aguarda, sufriendo también. De no ser por ella, no podrían pagarle a Bailey lo bastante para hacer algo así.
Bailey escucha a Ronan.
Y sonríe conforme un alivio asombroso empuja fuera de ella al horror que amenazaba con ahogarla. Es como el primer trago de agua limpia y fresca después de pasar una semana en el desierto. ¡No tendrían que matar al pobre hombre! No mientras pudieran darle pociones de maná a Milly y alimentarla con animales, al menos hasta cruzarse con el siguiente asesino o bandido que se pusiera en su camino. ¡Alabada sea Selûne!
Bailey se detiene antes de decirle nada a Ronan y a Rachel.
Los deja continuar su discusión, mientras una pregunta aterradora asoma a la mente de Bailey: ¿porqué he pensado eso?
Pero antes de poder agarrar esa cuestión, la comprensible reacción de Job llama su atención. Una parte de Bailey, la más aliviada por las palabras de Ronan, dicen que lo deje ir. Otra parte, la más sensata, dice que no sería buena idea tener a un lunático gritando algo sobre horrores no-muertos en cubierta, y luego por la ciudad.
De modo que Bailey se abraza a Job.
No se limita a empujarlo, o a cortarle el paso. Trata de envolverlo en sus brazos. No sabe de dónde viene ese impulso, pero... algo en el interior de Bailey la lleva a ello.
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