Bailey siente que podría pasar toda la vida en este templo. La tentación es tan profunda como fugaz. También pierde otra cosa: el extraño azul oscuro que había tomado sus ojos anoche. Ahora, sus ojos vuelven a brillar como antes.
Se levanta, y comienza a estirarse como dicta su rutina diaria, cuando no la interrumpe el ajetreo de esta nueva vida. Aunque debe tener cuidado con la ropa que viste ahora. Esta vez, sus estiramientos sólo se interrumpen brevemente cuando King se acerca a ella, y la amazona se detiene para hacerle unas caricias fuertes y vigorosas por lomo, cuello y cabeza. Hunde el rostro en el pelaje bajo la cabeza del huargo y, de forma juguetona, resopla con mucha fuerza, haciendo ruido.
Mientras continúa con los estiramientos, Bailey se pregunta si debería volver con el equipo, o dejar que vengan ellos por ella. Parece una pérdida de tiempo que vengan a por ella, pero también parece una pérdida aún mayor el ir, que no la encuentren por la razón que sea, y verse en lugares opuestos a los que empezaron.
De modo que a continuación, Bailey desenvaina su espada. La examina, y empieza a practicar con ella. Son movimientos simples, ya que al fin y al cabo no tiene conocimientos de esgrima, pero ayudan más que no hacer nada en absoluto. Y además, lo más importante: le permiten pensar en el sueño de anoche. En el mensaje de Selûne, la Dama Blanca. Mientras King comienza a pasear para no distraerla, explorando el lugar con todos sus sentidos, Bailey trata de hacer memoria.
Recuerda que Aelara, sierva de Selûne, está en peligro. Que la sombra avanza, poco a poco pero sin detenerse. Shar amenaza este mundo, y también el mundo del que vinieron todos. Innisport también está en peligro. Tiemblan sus sombras cuando los hijos de distintos dioses caminan juntos. ¿Eran hijos de distintos dioses? María adoraba a Vecna y Rachel parecía... hmm... jamás le había preguntado sobre su transformación, pero eso tenía pinta de ser otra intervención divina. Y sin embargo, había... otro grupo.
Un grupo, en un bosque lejano, y se encontraban en discordia. Pero en su discordia está la clave.
Bailey se detiene.
Tropieza.
Estaba en medio de una pirueta con su espada.
¿Cuándo había empezado a hacer una maniobra tan compleja...?
Además, está sudando.
Parecía que había perdido la conciencia del tiempo y de su propio cuerpo mientras recordaba, pero... creía verlo todo más claro. Se frota la frente con la manga del vestido, envaina la espada y busca una fuente de agua para lavarse. No le parece buena idea utilizar el estanque, aunque sería lo más conveniente. King detiene su exploración y corretea, animado, hasta su lado.
"Bueno, chico, creo que ya tengo más o menos claro dónde ir, y qué hacer..." Bailey suspira, haciéndole otro frote vigoroso en el cuello a King.
Vamos al este. Encontramos a Aelara y al grupo. Los salvamos a todos, salvamos este mundo, y salvamos el nuestro también...