María
Rynne se detiene, gira levemente el rostro sin dejar de caminar, como si midiera las palabras al mismo ritmo que sus pasos.
"Todavía no sé qué podemos encontrarnos, niña," responde, sin alterar el tono—. "Tal vez en la biblioteca encontréis alguna pista. Yo voy ahora a hablar con Verbal… pero estoy estudiando un grabado antiguo. De hace mil años. Es de la época en que se colocó el sello."
Hace una pausa, y ahora sí se detiene del todo. Se gira hacia María con el rostro sereno pero las cejas fruncidas, como si ya llevara la noche de hoy pesándole en los hombros.
"Estoy intentando averiguar cómo rehacer ese sello. Pero hasta que lo logre, lo único que puedo pediros es que estéis cerca. Por si lo de anoche vuelve a pasar. Y esta vez… no vienen a barrer la tierra ni a murmurar entre tumbas."
Sus ojos, grises y tranquilos, se clavan en María con una claridad que incomoda.
"Si la próxima vez obedecen a una mente despierta… A una voluntad perversa… Necesitaré ayuda. Y rápido."
Luego, sin añadir nada más, reemprende el paso hacia la capilla, como si las piedras bajo sus pies ya supieran el camino.