Todos
El sol se hunde tras los árboles como una moneda de cobre caída en un pozo antiguo.
El cielo arde en tonos violáceos y ocres, y una brisa templada, cargada de olor a tierra y lavanda vieja, se desliza sobre las lápidas como una oración olvidada.
El grupo atraviesa la verja oxidada del cementerio cuando el último rayo de luz abandona el día de forma prematura.
Buscan a Rynne.
Pero pronto comprenden que el silencio de la muerte se ha llenado de ruido.
No de gritos.
No de lamentos.
Sino de presencias.
Al principio es sutil: una lápida que cruje, como si el mármol se estirara.
Una flor marchita que cae sin que el viento la empuje.
Y luego, las manos.
Manos pálidas, terrosas, huesudas y lentas, que emergen no con violencia, sino con la solemnidad de quien despierta de un sueño largo y no recuerda por qué se ha dormido.
Desde un túmulo, un torso sin rostro se incorpora, acaricia la piedra que lo cubría como quien reconoce el tacto de una manta. Más allá, un anciano sin ojos se sienta en el borde de su tumba y comienza a atarse las sandalias. Una mujer de cabello blanco camina entre las sepulturas con un cesto vacío entre los brazos, buscando flores que ya no existen.
No parecen ver a los vivos.
O quizá los ven, pero no les importa.
Se mueven como reflejos mal encajados, sombras que repiten la costumbre con la torpeza de los relojes rotos.
Una cruz se ladea.
Un cuervo huye en silencio.
Y bajo un ciprés torcido, un niño sin mandíbula intenta silbar una melodía que nadie recuerda.
Entonces, desde el promontorio donde descansan siete tumbas antiguas, se escucha un sonido seco.
Como un suspiro contenido.
Como una grieta en la piedra.
Las losas tiemblan.
Algo debajo empieza a moverse.
Y en ese instante, el aire cambia.
Ya no es la brisa del atardecer.
Es algo más denso.
Algo que ha estado esperando.
De momento no parecen hostiles. Pero hay muchos por todos los flancos y siguen saliendo. Son lentos y parecen torpes. La celda de Rynne queda a unos cien metros al norte, las escaleras de piedra que suben el promontorio a más de doscientos. Además, se está haciendo de noche y es pasado el mediodía.