Milly
Milly frunce el ceño mientras avanza bajo la lluvia, sacudiéndose mechones empapados del rostro.
"Pero dicen que el monasterio está maldito", murmura, mirando al gnomo con una mezcla de preocupación y resignación. "Claro, tampoco es que las otras rutas vayan a ser caminos de rosas… pero no sé yo si desviarnos hasta allí es buena idea. Jo, vayamos donde vayamos siempre hay algo que intenta matarte. " Suspira y añade, señalando a Bori con la barbilla: "¡Entiendo que necesites protección siendo cartógrafo!"
Bori se acomoda la hoja-paraguas como si recibiera un cumplido especialmente delicado.
"Ah, mi querida señorita… tiene toda la razón", dice con un tono casi solemne. "Tomar el camino del monasterio sería, sin duda, el más largo, el más duro, el más incierto… lleno de lobos sombríos, con muchos lobos sombríos, y probablemente el que más historias nos dé para contar."
Hace un gesto circular con la mano—. "Y encima, depender del barco de Crispín Truenovela es como tirar un dado de seis caras… sólo que tres dicen “Crispín no está”, y las otras tres dicen “Crispín está, pero no piensa mover el barco”.
Hace una pausa dramática:
"Y luego habría que convencerle. Y sobornarle. Y probablemente ayudarle a subir agua caliente a la caldera porque asegura que rejuvenece la máquina. En fin… complicado. Pero emocionante. "
Se encoge de hombros. "Y seguramente peligroso. Lo cual, al parecer, es el tema común de este viaje."
Thorian aprieta las riendas, mojado hasta la médula, y se gira hacia el grupo.
"Rachel", dice con esa voz grave y práctica suya—, "pensad bien lo que hacemos. No estoy seguro de que alejarnos más del bosque sea buena idea. Y menos con las historias que hemos oído del monasterio."
Bori levanta la mano pequeñita.
"Oh, yo no lo niego, señor mío. El monasterio…", —hace un gesto inquietante con los dedos— tiene su fama. Luego sonríe con descaro.
"Pero tranquilos: vengo preparado." Se palpa el chaleco como quien busca un pañuelo. "Llevo mis pequeños amuletos…", —murmura en voz baja— ,"estacas de abedul, un par de hierbas sagradas, hojas de silfrún, una bolsita de polvo de solánidas, y un ramillete de… ejem… repelentes tradicionales."
Thorian arquea una ceja.
"¿Repelentes?"
Bori asiente, orgulloso.
"Sí, ya sabe… esos que los viejos sacerdotes usan contra criaturas que prefieren la noche y la mala educación." Hace un gesto vago.
"Uno nunca sabe quién puede aparecer detrás de un muro frío, ¿no?"
Pizz bosteza. Tharian se toca un medallón colgando dentro de la camisa discretamente.
Bori sonríe satisfecho.
"Así que, si elegimos ese camino… bueno, al menos iremos con un gnomo que huele a hierbas sospechosas pero duerme tranquilo."
El viento sopla húmedo desde el sur, como si escuchara la conversación.