El murmullo del desfiladero se apaga cuando María se adelanta un paso y posa la mano, con cuidado, sobre el cuello de la cabra montesa. No hay palabras al principio. Solo la sensación áspera del pelaje y el calor bajo la piel. La cabra ladea la cabeza. Sus pupilas rectangulares se contraen un instante.
"Ah… tú sí escuchas", dice la cabra, con una voz grave y algo nasal, claramente satisfecha—. "Bien. Ya me cansaba de que los humanos solo griten o tiren de las riendas."
Da un pequeño paso, acomodándose mejor bajo el peso de su jinete.
"Me llamo Kharuun. Subo riscos desde que era un cabrito y nunca he tirado a nadie al vacío. Eso aquí cuenta mucho. Esta gente me cuida, yo los llevo donde otros se rompen las piernas. Trato justo."
Mira de reojo al grupo, luego vuelve a fijarse en María.
"Son buena gente… con quien lo merece. Duros como la roca con los enemigos, sí. Pero si comes con ellos, si duermes bajo su techo, te defenderán hasta el último aliento. No son de medias tintas."
La cabra gira un poco la cabeza, señalando con el hocico al joven de la máscara simple, que intenta parecer firme sin conseguir ocultar del todo los nervios.
"Quieren que te unas a Aska", dice sin rodeos. "Es joven, pero fuerte. Buen escalador. Aprende rápido y escucha cuando se le habla. Eso también cuenta aquí."
Resopla, casi divertida.
"Y no como esposa cualquiera", continúa Kharuun, ladeando la cabeza con naturalidad. "Aquí no atan a una mujer para encerrarla en un hogar. La siguen."
Da un resoplido corto, como si eso fuera lo más obvio del mundo.
"Si tu líder acepta el trato, te reconocerían como Riska-Mat, Señora del Risco. Cabeza del hogar. Voz que decide cuándo se comercia, cuándo se parte… y cuándo se mata. Pero no hoy. No todavía."
La cabra señala con el hocico a Aska, que endereza la espalda instintivamente.
"Antes, él debe caminar a tu lado. Un año entero. Es su deber. Te acompañará, te protegerá y aprenderá quién eres lejos de la montaña."
Un breve silencio.
"Cuando regrese contigo, si ambos seguís vivos, entonces habrá celebración. Entonces habrá boda. No antes. Es un compromiso sagrado. Aquí no se rompen esos juramentos sin consecuencias."
Kharuun vuelve a mirar a María, con una calma casi amable.
"No te ofrecen cadenas. Te ofrecen camino. Y alguien que lo recorra contigo."
La cabra golpea la roca con una pezuña, firme.
"Para ellos no es compra. Es alianza. Sangre nueva para una familia vieja. Si el hombre de ébano dice que sí, te darán nombre, lugar y defensa. Si dice que no…", encoge los hombros, todo lo que una cabra puede, "no se ofenderán. Pero no volverán a ofrecerlo y seguiréis vuestro camino por estos riscos."
Kharuun mira a María de arriba abajo, con una curiosidad franca, casi simpática.
"No pasa todos los días que alguien de fuera muerda el cuerno sin asco. Eso que ha hecho tu amiga les ha gustado. Mucho."
Luego calla, como si ya hubiera dicho todo lo necesario.
"Ahora tu líder debe hablar", añade. "Aquí prefieren respuestas claras."