Zsadist
Tras las últimas palabras del Sympath, Zsadist se giró un instante hacia su gemelo, como preguntándole qué hacer con la mirada. Se le notaba en la cara el peso de algo que no quería compartir, no allí, no en voz alta. Finalmente, bufó, sacó un pitillo de un paquete arrugado en su bolsillo y lo encendió con un chasquido metálico del mechero. Dio una calada larga, expulsando el humo hacia arriba, y volvió a clavar los ojos en Rehvenge.
"La confianza no se regala, Rehv. Tú lo sabes y yo también. Así que si quiero algo de ti, tengo que poner algo sobre la mesa." Zsadist dio una calada al pitillo, dejó que el humo se escapara lento entre los colmillos y solo entonces continuó: "Llevo tiempo soñando con Catronia. Y no son simples pesadillas: me tiene encadenado, me habla como si aún siguiera bajo su yugo. Ayer mismo… la vela negra se derritió sobre mi piel, y me desperté con estas marcas."
Se arremangó la camiseta lo justo, dejando entrever la quemadura en el pecho, antes de cubrirse de nuevo.
"Esto no es sugestión, ni un recuerdo mal digerido. Es ella intentando colarse de nuevo en mi cabeza. No sé cómo, no sé por qué ahora, pero es real. Y si Xereth está jugando en esta ciudad con necromancia y manipulación mental, no voy a fingir que no me huele a la misma mierda."
Apretó la mandíbula y, tras otra calada, concluyó con su voz áspera:
"Así que dime, Rehv: ¿dónde coño empiezo a buscar esa cripta?"