Zsadist
El disparo aún rebotaba por las paredes de la cripta cuando otro restrictor apareció de la nada, emergiendo de las sombras con el cuchillo en alto y la cara desencajada.
Zsadist giró la muñeca, como si la Glock formara parte de él, y le apuntó sin siquiera cambiar el gesto. El dedo apretó el gatillo y otro fogonazo iluminó la piedra, el estruendo seco golpeando los oídos de todos.
Ataque a Restrictor 1: 9, 6, 1