Cuando el esclavo despertó dolorido y adormecido después de su transición, sentía un hormigueo en la muñeca que iba en aumento hasta producirle dolor.
Se revolvió en la cama y una voz huraña resonó en la habitación.
—Deja de moverte o no quedará bien, y esta vez no será mi culpa—dijo el herrero.
Un hombre viejo y con el pelo gris estaba haciéndole un tatuaje en la muñeca derecha. El esclavo se sobresaltó cuando se dio cuenta de lo que pasaba, no podía ser, eran las marcas de un esclavo de sangre, señales en sus puntos vitales.
—El esclavo de la señora ha sufrido un accidente... y tú vas a ocupar su puesto.
Un escalofrío recorrió su cuerpo, había escuchado los gritos y los rumores sobre lo que ocurría en esa habitación. No podía estar pasándole a él, él solo era el chico de la cocina, el que llevaba la cerveza a las visitas de la mansión de la señora.
La señora apareció en la puerta, su silueta se dibujaba oscura en contraste con la luz de fuera. El herrero pasó un trapo blanco por el tatuaje para retirar la tinta sobrante y se fue en silencio, echando una última mirada sombría al esclavo.
Ella se acercó y se agachó hacia el esclavo mirándolo a los ojos con curiosidad. Él se dió cuenta de que se encontraba desnudo e intentó cubrirse con las sabanas sucias de la cama.
—Tus ojos son amarillos, qué extraño...—dijo mientras su mano se deslizaba por los músculos de su pecho y fue bajando lentamente.
A Zsadist le dolía todo el cuerpo, la transición había sido brutal, su cuerpo era el doble de grande y fuerte que antes, pero se sentía torpe con su nuevo tamaño, entumecido y febril, el tacto de la señora le molestaba, pero no podía apartarse. Ella siguió deslizando su mano buscando entre las sábanas su entrepierna.
—Veo que tenían razón, eres descomunal, tendré que recompensar a quien me habló de ti.
Se levantó, hizo una seña a los guardias y rápidamente se fue de la celda, cerrando la puerta tras ella con llave. Desde la pequeña ventana de la puerta los guardias lanzaron algo que se clavó en su cuello, lo retiró rápidamente, pero era tarde, la habitación quedó a oscuras.